No, esta vez no son los controladores, en esta ocasión es nuestra economía. Esta es la palabra que puede definir en estos momentos la grave situación económico-financiera no solo de España, sino también de toda la economía mundial.
Con sorpresa y temor contemplamos como EEUU se debate entre una suspensión de pagos o afrontar una deuda cifrada en más  de dos billones de dólares. La UE ve tambalear la solidez del euro ante la profunda brecha que han abierto economías desbocadas como son  las de Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, incapaces de remontar el vuelo ante su descontrol presupuestario, su elevado déficit público y alguna de ellas, como España, con una tasa de desempleo que dobla la de sus socios europeos.
Por otra parte China, al contrario que EEUU y la UE crece a un ritmo galopante, su economía está en fase expansiva, cerca de un 10% de crecimiento, con problemas de inflación casi al 7%, restricción de créditos y subidas de tipos de interés, para evitar fuertes desequilibrios. Sus productos inundan los mercados y sus ciudadanos les acompañan allí donde se consumen a bajo precio, como es nuestro caso. Una economía de mercado en el contexto de una dictadura comunista…una especie de volcán rugiente.
El mundo árabe está en plena ebullición. Desde Marruecos a Oriente Medio todo es un componente económico, social y religioso que hacen de la región mediterránea una amenaza que nos alcanza muy directamente. La dependencia energética de estos países, las “peculiares” revoluciones políticas  apagadas algunas de ellas a sangre y fuego, como las de Libia o Siria, o la proliferación de regímenes teocráticos, como los Emiratos Árabes, donde la opulencia y riqueza de unos pocos se contrapone a la miseria y pobreza de millones de súbditos, constituyen un mapa de inestabilidad geo-económica en toda la zona.
Con este complicado panorama internacional, la situación de España se ha agravado de una forma alarmante. La prima de riesgo, por encima ya de los 400 puntos del diferencial alemán, nos coloca al borde de la intervención según todos los expertos. La tasa de paro es insostenible y la confusión política que ha provocado el original procedimiento que ha utilizado Rodríguez Zapatero para anunciar la convocatoria de elecciones a cuatro meses vista, es decir, cerca de seis meses sin gobierno efectivo, coloca a España en una posición de extrema debilidad y al “pairo” de la tempestad.
Desde mi punto de vista solo caben dos soluciones para enfrentarse con rigor y seriedad a este desgobierno actual: convocar de inmediato las elecciones generales y no retrasar más este tsunami de despropósitos, que tanto está haciendo sufrir a España, o dar entrada inmediata en el gobierno a la oposición, con un gabinete de salvación nacional, hasta la celebración de los comicios para al menos lanzar una señal de tranquilidad a los mercados internacionales. Una nave sin capitán, como es el caso de España, corre el serio riesgo de encallar o naufragar y ese destino, por su historia, por su orgullo y por su fortaleza, no nos lo merecemos los españoles.
Lo peor que puede ocurrirnos es perder el tiempo en los debates que se están produciendo ya,  propios de una precampaña electoral, sonrisas y fotos incluidas, no hay margen de maniobra. Hay que tomar decisiones inmediatas: adelgazar y redistribuir las competencias de las administraciones públicas, incentivar las empresas y abrirles los créditos, reordenar el sistema financiero con racionalidad,  modificar la ley electoral para revitalizar el sistema y plantear, sin dilación, la propia reforma de la Constitución para establecer unas reglas de juego que haga de España una nación fuerte y respetada.
La responsabilidad que recae sobre la clase política hoy, es de tal envergadura, que una irresponsable ceguera ante la gravedad de la situación puede hacer desestabilizar nuestra democracia y los propios cimientos del Estado de derecho que con tanto sacrificio y esfuerzo, construimos las generaciones de la transición.