Es normal y desgraciadamente casi habitual, que la reacción frente a un acto vandálico como el que se ha producido en Cataluña de manos de los yihadistas islámicos sea de solidaridad y al mismo tiempo expresión de los sentimientos de rabia e impotencia que provoca unos crímenes tan abyectos y despreciables como los que hemos tenido que contemplar.

No tenim por” (no tenemos miedo) es el slogan que los manifestantes de la plaza de Cataluña han gritado con voz firme y repetitiva a lo largo del acto de repulsa por la masacre terrorista y a la vez de unidad y apoyo a las víctimas del atentado.

Al margen de ese grito unánime, lo lógico y natural es que una sociedad civilizada y educada en los principios y valores de libertad, democracia y respeto de los derechos humanos, como es la europea y occidental de hondas raíces judeo-cristianas, tenga miedo de quienes son enemigos de estos principios básicos para la paz y convivencia de los pueblos.

Yo sí tengo miedo de quienes no defienden con energía y firmeza estos valores ante quienes quieren imponernos hábitos y costumbres que se oponen y son contrarios a los que con tanto dolor y sacrificio hemos conquistado a lo largo de nuestra dilatada historia.

Tengo miedo también de quienes, disfrutando de nuestras libertades, derechos y bienestar para circular libremente por nuestras ciudades y pueblos, la utilicen para tratar de destruir y conquistar con sangre y dolor la tierra y las gentes que los acogieron.

Tengo miedo de quienes financian y utilizan los lugares de culto y oración, como deben ser las mezquitas, para lanzar proclamas incendiarias y criminales contra el mundo occidental etiquetado como infiel y que debe ser exterminado de la forma más cruel y brutal que la mente humana pueda imaginar.

Tengo miedo de quienes tiene miedo, desde su propio temor y silencio, a oponerse abiertamente y manifestarse contra sus correligionarios fanáticos y criminales musulmanes. Ermua fue una explosión popular y callejera contra los asesinos de ETA y supuso también la frontera en el rechazo ciudadano hacia el terrorismo criminal que con tanto sufrimiento soportamos los españoles durante décadas.

Tengo miedo, además, de la nueva izquierda, que representa Podemos, tan “comprensiva” con los etarras, tan indulgente con las dictaduras del continente americano, tan “prudentes” cuando la dignidad y los derechos de las mujeres son ignorados en la mayoría de los países árabes y tan sospechosamente sinuosos en la defensa del conjunto del Estado cuando se llama a un pacto antiterrorista del  que evitan participar activamente.

Finalmente tengo miedo de quienes quieren fracturar una nación fuerte y solidaria como es España. Las crisis económicas, los problemas sociales, la defensa de nuestras libertades en el marco de un espacio de libertad. seguridad y justicia como es el europeo solo se superan desde la fortaleza y unidad de quienes nos sentimos plenamente integrados en una cultura y civilización como es la que hemos construido después de muchos siglos de historia de nuestros pueblos.

Ya lo dijo Otto von Bismarck “Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglo queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”