Un estudio publicado en Earth and Planetary Sciencience Letters advierte que el “cambio climático” está provocando una sobrecarga lateral sobre el eje de rotación de la tierra, lo que determina que el eje es cada vez menos estable.

Si aplicamos esta observación científica a lo que está sucediendo actualmente en España es fácil llegar a la conclusión de que el profundo cambio que se ha producido en la sociedad española desde que accedió al poder el ínclito Rodríguez Zapatero al socaire del golpe de estado del 11M, el eje de rotación de nuestra Nación se ha visto afectado muy seriamente y la desestabilización de nuestro sistema democrático se está agravando de manera muy alarmante.

La degradación política existente, consecuencia de la incapacidad y del empobrecimiento intelectual y político de varios de sus líderes actuales, nos arrastra a una situación límite en la que el Estado, incluso su más alta magistratura, corre el peligro de sumar a su débil autoridad una posible fractura de incalculables consecuencias. Se hace ya insoportable el paroxismo independentista de los delincuentes sediciosos y rebeldes como los que, condenados o no, hoy campan por sus respetos en Cataluña, amenazando, cortando accesos a la capital y fronteras o despreciando a los tribunales, ante la impavidez de éstos, como con frecuencia hace el traidor Quim Torra, que acudió recientemente a un tribunal provisto de sonoros pedos para tratar de inundar a la justicia española de su pestilente palabra insultante y provocadora.

Si el esperpento catalán nos hastía y aburre, no nos produce menor estado de preocupación todo lo que rodea a  la pretendida investidura de esa plaga bíblica con la que se nos está castigando cruelmente y que se llama Ramsés Sánchez y su sacerdote Iván Redondo. A veces me pregunto si no echamos de menos a un Moisés que nos lleve a la tierra prometida…

La  sonada sentencia de los ERE ha añadido más pimienta aún al sombrío panorama que se cierne sobre nuestras cabezas con el anunciado Frente Popular de Sánchez and Iglesias. El repentino abrazo preñado de sonrisas y lágrimas huele más a trampa saducea del maquiavélico sacerdote de Ramsés Sánchez que a una estrategia programada para formar un  gobierno estable y sedicentemente progresista como pertinazmente ha anunciado el presidente en funciones para atemorizarnos.

Prueba de ello es el silencio de ultratumba que en estos momentos mantienen los dos autoproclamados candidatos a la investidura, cuando aun ni siquiera el jefe del estado le ha encargado la formación de gobierno. Desde mi punto de vista la jugada de Sánchez ha sido magistral. Pretendiéndolo o no, el descamisado Iglesias ya forma parte de la trama corrupta desentrañada por una sentencia condenatoria contra dos expresidentes, ex consejeras, exdirectores generales y hasta 19 cargos públicos del PSOE andaluz que dilapidaron cerca de setecientos millones de euros de los impuestos de los españoles en beneficio propio algunos y otros como consecuencia de una omisión u acción culposa y voluntaria de sus obligaciones como administradores de los bienes públicos.

A esto hay que añadir que Griñán y Chaves además de haber sido presidentes de la Junta de Andalucía lo han sido también del PSOE nacional aunque pretendan ocultarlo. Por otra parte, tengo  mis serias dudas de que la sensatez y la cordura de algunos destacados socialistas sean capaces de dar un giro copernicano a la desatada ambición de Sánchez por mantenerse en la Moncloa acompañado de una pareja comunista de estrafalaria vestidura pero al mismo tiempo pertrechados cuentacorrentistas y beneficiarios de un casoplón custodiado por la Guardia Civil con  la que tan identificados se sienten y por escoltas a las que al parecer utilizan como mandaderas, hecho éste por el que ha sido denunciada Irene Montero.

En cualquier caso es urgente y necesario que socialistas como Felipe González, Alfonso Guerra y quienes como ellos se han pronunciado públicamente en contra de esa temible alianza, detengan desde dentro del partido socialista esa peligrosa deriva y busquen activamente con los partidos constitucionalistas más próximos un acuerdo de gobierno o legislatura que hagan frente a los difíciles retos a los que nos vamos a enfrentar en un entorno interno y externo cada vez más beligerante y complejo.