UNA RESPUESTA INMEDIATA

La tímida respuesta que la UE se ha prestado a dar a las tragedias que se están viviendo en las fronteras de Ceuta y Melilla es una muestra de la incapacidad que hoy rodea a las instituciones europeas para afrontar sus responsabilidades.
La visita anunciada a la zona por parte de un grupo de técnicos de la Comisión europea, no aportará las soluciones urgentes e inmediatas que la situación requiere y eso es así porque los serios problemas que se derivan de la ampliación de la Unión y sobretodo de la “congelación” del Tratado constitucional hacen prácticamente ineficaces el sistema de toma de decisiones en el Consejo, donde se acumulan las iniciativas de cada una de las Presidencias y donde además el Parlamento se ve impotente ante el caos legislativo y los bloqueos sistemáticos de los Estados en relación con las medidas propuestas por algunos Gobiernos, como fue el caso del de España cuando durante su Presidencia de la Unión en el primer semestre del año 2002 intentó sacar adelante algunas importantes iniciativas para enfrentarse a lo que ya hoy es una trágica y preocupante realidad.
Buena prueba de ello es el vergonzante silencio que mantiene el actual Presidente, Tony Blair. A la falta de entusiasmo que rodea a los británicos por todo lo europeo se ha unido en esta ocasión, su falta de sensibilidad ante una de las mayores tragedias que están ocurriendo a las puertas de Europa. Resulta muy preocupante y a la vez chocante que se haya reunido con el Presidente de la República Francesa, Jacques Chirac, para hablar del modelo social europeo y ninguno de los dos haya hecho referencia a un problema que atañe precisamente a ese modelo y además afecta, muy directamente, a un socio privilegiado de la Unión y amigo especialmente de Francia como es Marruecos.
A pesar de todo este desbarajuste institucional, hace muy bien el Presidente Imbroda en solicitar una comparecencia ante la Comisión de Libertades civiles del Parlamento Europeo que tuve el honor de presidir en la anterior legislatura. Los diputados que, sin duda alguna, le escucharán con toda atención, necesitan por una parte información de primera mano y de otra conocer también la cruda realidad de lo que viene ocurriendo en nuestras dos ciudades-fronteras de Europa con el Magreb y que desde hace años están siendo “acosadas” desde Marruecos por una insoportable presión migratoria de sus propios ciudadanos y ahora de subsaharianos.
La situación creada es de tal gravedad que exige actuaciones a toda velocidad en todos los frentes internacionales. Fortalecer y controlar las fronteras, ante un caos como el actual, es una medida necesaria pero claramente insuficiente si no se actúa sobre los países de origen. Se requiere, desde mi punto de vista, la convocatoria urgente de una Conferencia Internacional a instancias de la UE o de Naciones Unidas para que se examine en profundidad todos y cada uno de los movimientos migratorios que se vienen produciendo desde el continente africano hacia Europa y una vez hecho el diagnóstico darles el tratamiento adecuado y diferenciado que cada uno exige.
Los flujos migratorios del África mediterránea no tienen las mismas causas que los que proceden del África subsahariana. La traumática colonización y los convulsivos procesos de independencia además de la escasez de recursos en algunos de los países del África subsahariana hace que cerca de 30 millones de personas necesiten ayuda humanitaria y 24 Estados sufran emergencias alimentarias según un reciente informe de la FAO. Las naciones africanas del arco mediterráneo, sin embargo, tienen todas ellas estructuras políticas consolidadas, acuerdos de asociación con la UE e incluso algunas de ellas importantes recursos naturales como petróleo, gas, pesca, fosfatos etc, además de una importante implantación migratoria en el continente europeo.
Es por eso que la cooperación internacional no puede medirse exclusivamente en términos de ayuda financiera. Esta ayuda debe ir acompañada, según los casos, de una exigencia en el control de cómo se invierte la misma, de una evaluación de cómo se respetan las libertades y los derechos humanos, de una vigilancia muy estricta del nivel de corrupción política ó económica y de cómo se reparte la riqueza entre sus ciudadanos.

Ante un dramático escenario como el actual, España se ve impotente para afrontarlo con sus solos medios, pero el alejamiento de los EEUU, la pérdida de liderazgo en Europa o la manifiesta debilidad con Marruecos n o ayudan a resolver el problema. El Gobierno en éste como en otros temas transcendentales para la vida de los españoles debe sentarse desde la lealtad institucional y política con el Partido Popular y plantearse de inmediato una estrategia común para reclamar en el caso de la inmigración la ayuda y colaboración europea e internacional, de lo contrario la explosiva situación de nuestras fronteras melillenses y ceutíes pueden originar una crisis interior y exterior de incalculables consecuencias.

Jorge Hernández Mollar
Ex Diputado europeo PP