UN PAPA MUY EUROPEO”

El 6 de Marzo de 1997 tuve el privilegio de asistir a una audiencia privada que Juan Pablo II concedió en el Vaticano al Grupo Parlamentario Popular Europeo con ocasión del cuarenta aniversario del Tratado de Roma.
Fue un emotivo encuentro donde además de haber podido intercambiar unas breves pero inolvidables palabras en relación con mi origen melillense y sobre el cariño que le profesábamos los españoles, nos hizo el regalo de un discurso que por su alcance didáctico y doctrinal, vale la pena comentar en unos momentos como son los que estamos viviendo después de su fallecimiento.
En esa audiencia, Juan Pablo II, ante un auditorio muy comprometido con la construcción de Europa, resaltó “que el proyecto europeo no está basado en la voluntad de poder, sino en la idea de que el diálogo y la consideración mutua son esenciales para la construcción de la paz en el continente y el dinamismo de cada nación”. Paz, diálogo y respeto mutuo son unas constantes en sus numerosos discursos y documentos. Asimismo se manifestó con contundencia y firmeza contra las guerras y los regímenes totalitarios: “más que nunca había que obrar porque Europa no engendrara guerras y focos ideológicos que tantas vidas humanas han destruido y tantas conciencias han corrompido, como los totalitarismos cuyo recuerdo permanece aún en nuestra memoria…”
No podía faltar, naturalmente, entre aquellas magistrales palabras una clara referencia a las raíces cristianas de Europa: “los cristianos han contribuido ampliamente a forjar la conciencia y cultura europeas” lo que no se contradice con que “la construcción de la Unión Europea supone ante todo el respeto de todas las personas y de las distintas comunidades humanas, reconociendo su dimensión espiritual, cultural y social”.
“Cuando se ridiculiza, decía, la simbología cristiana y se aparta a Dios de la construcción humana, esta última se debilita al carecer de fundamentos antropológicos y espirituales”.
Pero era además una magnífica ocasión que no desaprovechó, para hacer una explícita alusión a los católicos comprometidos en los asuntos públicos con una enérgica llamada a la exigencia personal para no separar la esfera privada de la pública, de lo contrario el resultado sería caer en una especie de esquizofrenia incompatible con el mensaje evangélico: “ Por ello, los cristianos que participan en la vida política no pueden por menos que prestar atención a los más pobres, a los desheredados y a todos los indefensos, Asimismo deben aspirar a crear las condiciones justas para que las familias puedan recibir ayuda para asumir el papel indispensable que desempeñan en la sociedad”.
Por otra parte no solo se enfrentó el Papa con valentía al comunismo sino que también rechazó el olvido que una economía capitalista globalizada genera de los pueblos más pobres y necesitados, de ahí que en trece ocasiones visitara el continente africano dando así una llamada de atención a los países y continentes más ricos del planeta.
Su amor por la vida, que ejemplarizó hasta su último aliento, le llevó siempre a demandar a los católicos dedicados a la vida política que se opusieran con valentía y públicamente a la eutanasia, al aborto y a la manipulación genética así como a condenar sin paliativos las muertes y terribles mutilaciones ocasionadas por guerras injustas o actos terroristas: “También deben reconocer el valor incomparable de la vida y el derecho de todos los seres a nacer y existir en la dignidad hasta su muerte natural”.
Juan Pablo II no fue un Papa conservador en lo doctrinal y progresista en lo social como algunos lo catalogan. Creo que aplicarle estas categorías sería reducir a una dimensión puramente humana lo que fue una misión de hondo contenido espiritual y evangelizador como sucesor de Pedro. Su proximidad con los jóvenes, su cercanía hacia las víctimas de la violencia física o moral, su paternal y especial trato con las víctimas del terrorismo o de las catástrofes naturales y su caridad inagotable hacia quienes sufren el terrible drama de la miseria, de la pobreza o de la explotación social y laboral ha revolucionado las conciencias de millones de seres humanos que ante su muerte, le lloran como hombre y le aplauden como apóstol

Jorge Hernández Mollar
Ex Diputado al Parlamento Europeo