Nadie se imaginaba, que al traspasar la frontera del sigloXX y adentrarnos en lo que ya se advierte como  una nueva era del mundo, ésta nos iba a sorprender con tantos y tan relevantes acontecimientos.
 
Europa, en el año 2000, se despertó con una nueva moneda que ha unido indefectiblemente el destino económico y político de los diecinueve Estados de la Eurozona y del conjunto de la Unión Europea. La crisis de estos últimos años, se ha convertido en la sombra de millones de hogares europeos. La globalización de la economía ha roto las estrategias y las fronteras de la riqueza y la pobreza.
 
Los movimientos migratorios se entrelazan entre la miseria y la explotación humana o la opresión y la persecución política. Hombres, mujeres y niños arrojan  sus vidas al mar o destrozan sus cuerpos entre las espinas de acero de vallas infranqueables en la desesperada ilusión por alcanzar las fronteras de la esperanza. América, Europa, Asia o África buscan una y otra vez, sin éxito,  cómo detener y acallar los gritos del hambre y la libertad de millones de seres humanos.
 
 Por otra parte, los crueles ataques terroristas de manos del islamismo radical, que se iniciaron brutalmente en el corazón de los EEUU y continúan por Europa, Asia y África,  han vuelto a despertar los temores de los grandes conflictos mundiales del pasado siglo. La palabra guerra resuena una y otra vez en las cumbres y organizaciones internacionales , inmersas en un general desconcierto de cómo afrontarla. No es una guerra entre ejércitos regulares, ni entre Estados o territorios, es la guerra traicionera del terror en casi todos los pueblos del mundo, contra la paz y la libertad de la humanidad.
 
 No menos relevante, en lo que va de siglo, ha sido también, la renuncia del Papa Benedicto XVI, inédita desde el siglo XV en la historia de la Iglesia. Su meditado abandono del sillón de Pedro ha dado lugar a que por primera vez un Papa del continente americano, el Papa Francisco, afronte uno de los períodos más comprometidos de la vida  de la Iglesia . Es incuestionable ya, que su nuevo estilo de gobierno está produciendo un importante impacto universal.
 
El cambio climático, preocupación de la sociedad mundial desde el último tercio del pasado siglo y hoy de nuevo, objeto de debate en la cumbre de París, no escapa tampoco a las enseñanzas morales de la Iglesia. Así lo es su encíclica “Laudato Si”. En ella el Papa Francisco “vincula la lucha contra el cambio climático a un deber moral de todo ciudadano”
“Hemos crecido, sigue diciendo, pensando que éramos sus propietarios y dominadores autorizados a expoliarla” Con esta bella expresión hace referencia al cuidado de la “casa común” que es nuestra tierra, al que todos y cada uno de nosotros estamos obligados  para  preservarla.
 
Pero esencialmente la gran revolución que da nombre a esta “nueva era digital” es la gran red social que a nivel mundial ha tejido internet. La inmediatez de la información y la comunicación ha trazado una nueva frontera entre generaciones: un lenguaje a veces incomprensible y desconcertante, un diálogo silencioso y anónimo, a través de teléfonos móviles y redes o la casi total ausencia de privacidad  en las comunicaciones satelitizadas, arrastran el peligro de robotizar la vida y las relaciones interpersonales.
 
En definitiva un gran reto para un nuevo mundo. Pero no hay razón para el pesimismo, porque afortunadamente el hombre sigue explorando su Verdad y aún tiene la capacidad de ejercer un control sobre sus pensamientos y acciones. Esa es su inconmensurable grandeza: su propia libertad.