UN DEBATE ESTERIL

La caja de los truenos se ha abierto una vez más en Andalucía. Una hipotética fusión de Cajas de Ahorros andaluzas está dando lugar a una nueva confrontación que de momento solo alcanza a los representantes de los partidos políticos.

Estoy convencido que el sempiterno Presidente Chaves, cuando lanzó abiertamente el órdago de la fusión, sabía que el debate se perdería en el clásico e interesado reduccionismo político-mediático, circunscribiendo la cuestión al carácter malagueño o sevillano de la futura sede institucional.

Entiendo, sin embargo, que hay otras cuestiones previas que habrían que plantearse para encarar lo que pudiera ser el inicio de un relevante proceso de unión que todos los indicios parece que podría iniciarse este año entre las dos principales Cajas andaluzas: Unicaja y Cajasol.

¿Sería necesario y conveniente para el desarrollo de la actual y futura economía andaluza “desatomizar” el número de Cajas? ¿está abierto un debate y una reflexión interna en los órganos de gobierno de las mismas? ¿existen ya documentos al respecto? ¿ se ha dado ya algún acercamiento entre las direcciones de las entidades para aproximar posturas en relación con la situación interna de cada una de ellas en aspectos tales como el financiero, laboral o su propia estructura organizativa?

Acertadamente Javier Arenas, como máximo dirigente del PP-A se ha opuesto a cualquier movimiento de fusión mientras no haya encima de la mesa un documento que avale y argumente la necesidad de la misma por criterios económicos-financieros, de competitividad o de impulso decidido a una economía que, como la andaluza, se está desinflando día a día como consecuencia de la parálisis de diversos sectores, entre los que destaca el de la construcción.

Estas consideraciones no pretenden quitar relevancia a la importancia de la futura sede de la nueva entidad resultante de la fusión. Los malagueños y estoy seguro que mis paisanos melillenses (Melilla es una ciudad autónoma con una fuerte implantación de Unicaja) abogamos, dentro de la lógica y con razones de peso, por no perder la capitalidad económica y financiera de Andalucía

Este es un extremo del que deben tomar buena nota los futuros “negociadores” cualquiera que sea el carácter político o técnico de los mismos aunque como ocurre en todas la negociaciones, creo que no sería conveniente predeterminar ya el resultado de las mismas a esta cuestión previa.

Es el momento, por lo tanto, para que los responsables políticos y miembros de los órganos de gobierno de las entidades financieras pongamos todo nuestro empeño e inteligencia en “innovar” el sistema financiero para que nuestras entidades no se descapitalicen, para que el crédito no se contraiga y el consumo no se desplome.

Lo que de verdad nos tiene que preocupar es que todas las previsiones indican que en este trimestre del recién estrenado 2009, la tasa de paro andaluza rozará el 20% y que los más de 700.000 empleados del tercer trimestre del 2008 en Andalucía devienen el
mayor contigente de los últimos ocho años y esto no es más que el signo del fracaso de una economía especulativa que ha hecho del suelo y de la construcción el principal motor productivo de Andalucía y la principal fuente de financiación de sus Ayuntamientos.

Este grave problema tiene que afrontarse en primer lugar desde la asunción de la responsabilidad que corresponde a cada uno de los agentes que intervienen en el tejido productivo: administraciones, empresarios, sindicatos y entidades financieras.

Los empresarios no dejándose seducir por el enriquecimiento a corto plazo y aplicando parte de sus beneficios a reinversiones y fondos de reserva para afrontar épocas de crisis con una cierta perspectiva de resistencia y continuidad y rebajar la dependencia del crédito para su subsistencia. Los trabajadores deben implicarse en su formación y en una mayor exigencia en las garantías de continuidad y calidad del trabajo que desempeñan, lo que redundará en una mayor estabilidad y una más justa retribución.

Las administraciones deben facilitar la creación y promoción de empresas, poner a disposición de las mismas una infraestructuras adecuadas y coadyuvar con ellas en la búsqueda de nuevos yacimientos de empleo y mercados tanto dentro como fuera de Andalucía. Para ello es prioritario además acometer cuanto antes un nuevo modelo de financiación de los Ayuntamientos, que prestan los servicios más próximos a los ciudadanos y a los que el derrumbe de la construcción está llevando a algunos de ellos, a situaciones límite de subsistencia

Finalmente nuestras entidades financieras son el vehículo adecuado para capitalizar el ahorro y la inversión de los ciudadanos. La alarma se ha desatado cuando el flujo crediticio está practicamente bloqueado y los empresarios ya no encuentran las facilidades de financiación y liquidez que hasta hace muy poco tiempo les proporcionaba el sistema financiero. Se trata por tanto de hacer un nuevo replanteamiento tanto de la actual estructura de nuestras cajas de ahorro como de su capacidad fnanciera actual para acometer los difíciles retos que les sobrevienen.

Afortunadamente Unicaja es una entidad bien administrada, con una tasa de morosidad por debajo del sector de Cajas de Ahorros andaluzas, con una fuerte implantación en Andalucía y una razonable e importante presencia en algunas Comunidades Autónomas, además de unos indicadores de solvencia y liquidez que ofrecen tranquilidad y confianza en unas circunstancias cómo las actuales, lo que le permite estar en la situación más ventajosa para encarar una futurible fusión…

No está la situación, por lo tanto, para que el Sr. Chaves abra el melón de la discusión provocando un debate estéril como es inicialmente el de la sede de la futura gran caja andaluza. Es a él a quien le compete desde su responsabilidad de gobierno impulsar y ordenar una responsable y realista reflexión sobre los graves problemas que hoy aquejan al modelo productivo andaluz, a sus empresarios y trabajadores y a su sistema financiero y desgraciadamente no parece que el camino emprendido, una vez más, vaya en esta dirección.

Jorge Hernandez Mollar
Vicepresidente Comisión de Control de Unicaja