RELIGIÓN FRENTE A ESTADO

¿Laicismo frente a fundamentalismo religioso?. Estos parecen ser los términos en los que se está planteando en Francia el debate surgido a raíz de las conclusiones emitidas por la llamada “Comisión Stasi”, posteriormente aceptadas por el Presidente Chirac en su alocución del pasado 17 de diciembre, en las que se mostraba favorable a que la laica República francesa aprobara una ley por la que se prohibieran todos los símbolos religiosos “ostensibles” en las escuelas públicas francesas. En palabras del propio Presidente francés, “el objetivo es garantizar a cada uno su libertad con el único límite del respeto a la regla común”.

El debate no es en absoluto baladí, ya que afecta principalmente a la comunidad musulmana, que en Francia alcanza los 5 millones de personas y representa el 8 % de la población, que ha visto cómo ahora se pretende prohibir la utilización del velo islámico con la idea de “lograr la integración luchando contra las instrumentalizaciones político-religiosas” después de que en 1989 se autorizara por ley a los escolares, en nombre de la libertad de conciencia, a que llevaran los signos religiosos que desearan siempre que de ellos no se hiciera ostentación ni proselitismo.

¿Integración de los inmigrantes o comunitarismo favorecedor de la marginación y desintegración social?. Y es que la integración es el principal argumento que usan en Francia aquellos que defienden la prohibición de los signos religiosos ostensibles- vistos como símbolos que señalan y diferencian- como un gesto por parte del Estado para que las comunidades de inmigrantes puedan verdaderamente sentirse pertenecientes a la sociedad a la que han decidido emigrar. Pero la integración es un fenómeno de dos caras: integración unida a la aceptación por parte de la sociedad de acogida, que debe ofrecer oportunidades laborales y sociales (vivienda, asistencia sanitaria, lengua, prácticas religiosas) pero también integración desde la aceptación por parte del inmigrante de los valores y reglas de juego de la sociedad de acogida y en la que la religión, por ejemplo, no puede ni debe ser un obstáculo para la aceptación de estas normas en el plano educativo, social o político.
Pero es también un hecho que esta cuestión puede ocasionar verdaderos problemas de convivencia e integración- e incluso enfrentamientos- entre los que hoy comparten una misma tierra y lengua pero no una misma religión, tradiciones o valores sociales. Para evitar cualquier atisbo de peligrosa confrontación debe evitarse toda actitud de carácter extremista y ello tanto desde un punto de vista religioso como laico.

España, mediante una ley que data del año 1992 , reguló parte de las cuestiones que hoy se están debatiendo en Francia. En efecto, y dado que la Comunidad musulmana había “alcanzado en la sociedad española un arraigo que, por el número de sus creyentes y por la extensión de su credo, resulta evidente o notorio” asuntos tales como la enseñanza religiosa en centros públicos o la sustitución de días festivos del calendario nacional por otras festividades que, según la Ley Islámica, tienen el carácter de religiosas fueron objeto de un completo acuerdo entre las autoridades de ambas partes. Bien es cierto que en España la cuestión de la utilización de signos religiosos, sobre todo del velo islámico, no ha sido planteada como un problema y ello bien porque la Comunidad musulmana en España no ha alcanzado las cotas aún que en Francia o bien porque, a diferencia de nuestros vecinos, en España no llevamos el carácter aconfesional de nuestro Estado hasta tales extremos.

Desde la Unión Europea esta cuestión la vemos como un debate nacional. Sin embargo hoy es Francia, pero mañana puede ser Alemania o Inglaterra o Bélgica o España. ¿ Y qué haremos entonces? ¿crear aún más abismos entre los ciudadanos europeos y aquellos que emigran a nuestro territorio y que, lógicamente, no quieren desprenderse de su lengua, tradiciones y religión, su cultura en definitiva?. En mi opinión es otra la pregunta que debemos hacernos: ¿ es la utilización del velo un símbolo que representa una creencia religiosa legítima por parte de quien la lleva? ¿o es un símbolo con el que se quiere la propagación de conductas integristas, que pretenda marcar diferencias con la sociedad de acogida y que vaya en contra de los principios fundamentales sobre los que se basa la Unión Europea?. En definitiva ¿ es el velo para la religión coránica lo que la cruz para la religión cristiana o la estrella de David para la judía? Me temo que no. Y es que no puedo dejar de preguntarme si la exigencia, por ejemplo, de algunas mujeres musulmanas de ser tratadas por profesionales médicos de sexo femenino o de que se separen los hombres y las mujeres en las piscinas públicas, demandas crecientes de la comunidad musulmana en Francia, no responden más a manifestaciones de un comunitarismo en exceso peligroso que a