Relato I

Del Libro “Dios o Nada” del Cardenal Robert Sarah

Un día contrataron a un viejo profesor para impartir una clase sobre la planificación del tiempo a quince directivos de grandes empresas. Esa clase formaba parte de los cinco talleres de la jornada de formación, de modo que el profesor solo disponía de una hora. Comenzó mirándolos despacio, uno a uno, y les dijo: “Vamos a hacer un experimento” . De debajo de la mesa sacó un frasco enorme, con capacidad para varios litros, que colocó con suavidad ante él. Luego mostró una docena de piedras del tamaño de pelotas de tenis y las fue depositando, cuidadosamente, en el frasco. Cuando el frasco estuvo llenos hasta los bordes y era imposible añadir una sola piedra más, alzó los ojos hacia sus alumnos y les preguntó. “¿Está lleno el frasco?”. Contestaros todos: “Sí”. El esperó unos segundos y añadió:”¿Seguro?”. Entonces volvió a agacharse y sacó de debajo de la mesa un recipiente de grava. Con cuidado echó la grava por encima de las piedras y agitó ligeramente el frasco. Los trozos de grava se filtraron entre las piedras hasta el fondo.

El viejo profesor volvió a alzar la mirada hacia su auditorio y preguntó: “¿Está lleno el frasco?”. Esta vez, sus avispados alumnos empezaron a entender su maniobra. Uno de ellos contestó:”Lo más probable es que no”. “¡Muy bien!”, respondió el viejo profesor. Se agachó de nuevo y esta vez sacó arena de debajo de la mesa. y la echó dentro. Una vez más preguntó: “¿Está lleno el frasco?”. Ahora sin dudarlo un momento y todos a una los alumnos contestaron “¡No!”. “¡Muy bien!”, repuso el viejo profesor, Y, tal y como esperaban los alumnos, cogió la jarra de agua que había encima y llenó el frasco hasta arriba. Luego preguntó: “¿Qué gran verdad nos demuestra este experimento?”. Como era de prever el alumno más osado, recordando el tema de la clase, contestó: “Demuestra que aunque creamos que nuestra agenda está llena, si de verdad se quiere, podemos añadir más citas y más cosas que hacer”. “No”, replicó el viejo profesor. No es eso. La verdad que nos demuestra este experimento es esta: si no metemos primero en el frasco las piedras grandes, luego no podrán caber todas”.

Se produjo un profundo silencio mientras todos se convencían de la evidencia de su razonamiento. El viejo profesor continuó: ” ¿Cuáles son las piedras grandes de nuestra vida?” “¿La salud, la familia, los amigos, los sueños, la carrera profesional?” Lo que hay que recordar es la importancia de meter en primer lugar las piedras grandes de nuestra vida; si no, corremos el riesgo de no ser felices. Si damos prioridad a la pacotilla, -la grava, la arena-, llenaremos la vida de futilidades, de cosas sin importancia y sin valor, y no nos quedará tiempo de dedicar a lo importante. Por eso, no olvidéis preguntaros: ¿Cuáles son las piedras grandes de mi vida? y luego meterlas primero en el frasco de vuestra vida”. El viejo profesor saludó a su auditorio con un gesto amistoso de la mano y abandonó lentamente la sala.