Querido Gerardo, Director de este Colegio, magnífica escuela de la vida, de la educación y de la cultura, miembros del Comité Directivo, profesores, alumnos graduados, padres y madres, familiares, señoras y señores:

Cuando Gerardo me encomendó que pronunciara esta conferencia en este acto solemne de la imposición de la las becas, la verdad es que me dio como un vuelco en el corazón.

Representáis para mí, un auditorio muy especial. No la entendí como una conferencia al uso sino que mi pretensión es enfocarla desde mi experiencia personal y especialmente para vosotros jóvenes alumnos,  como una última clase o lección de cierre, de este capítulo del libro de vuestra vida que estáis a punto de terminar, abriendo otro más desconocido pero no menos apasionante.

Junto a mi vida profesional he dedicado también muchos años al servicio público desde la política. Por cierto, aprovecho para reivindicar aquí la dignidad del oficio de la política, cuya vocación se me despertó en la Universidad, lo que ocurre es que los políticos, guste o no, somos reflejo también del estado actual de la sociedad.

He tenido la oportunidad y el privilegio de hablar, debatir y enfrentarme en distintos foros y en las tribunas  del Congreso, del Senado o del Parlamento Europeo a muchos políticos y personalidades, defendiendo mis principios y convicciones o contribuyendo a decisiones importantes para la vida de los ciudadanos españoles y europeos.

En mis múltiples viajes he tenido la oportunidad de conocer y disfrutar de reuniones y encuentros con relevantes personas del mundo de la política, de la cultura o de la misma sociedad como consecuencia de mi trabajo y de mis responsabilidades.

He probado también el sabor amargo de algunos fracasos, decepciones y derrotas junto al dolor de algunas tragedias pero también la ilusión y la alegría de  éxitos y victorias a lo largo de mi trayectoria profesional y política. Pero os puedo asegurar que nada de esto ha sido hasta hoy,  lo más importante de mi vida, ni nada de esto es lo que más he apreciado de todas la vivencias que he tenido la suerte o el privilegio de disfrutar hasta ahora.

.¿Sabéis, sin embargo, que es lo que más valoro, quiero y recuerdo con un gran cariño y reconocimiento?  Pues algo tan lejano ya, pero tan cercano siempre, como fueron mis años de infancia y juventud que pasé alrededor de mi familia, entre el calor y el amor de mis padres,  y  los que transcurrieron en mi colegio, el colegio de La Salle y después en la Universidad, donde me educaron y me formaron buenos y magníficos profesores, como a todos vosotros en este Colegio, que con tanto calor y entrega os ha acogido durante todos estos años.

Todo lo que os vais a encontrar a partir de ahora, fuera de las paredes de la escuela o del hogar donde os habéis criado y educado  va a ser totalmente nuevo. Se os va a abrir un mundo desconocido e ilusionante a la vez. Descubriréis, no sin cierto vértigo, la aventura de vuestra libertad. Vais a ser más libres para administrar vuestro tiempo. Para administrar también el que dediquéis al estudio, a vuestros amigos y amigas, a las horas de clase, a la diversión, a vuestra formación cultural, humana y religiosa. Se os despertarán nuevas inquietudes, afanes, rebeldías…

Descubriréis la Universidad como la describió el poeta inglés Jhon Masefield que dijo que “ Hay pocas cosas terrenas más hermosas que una universidad…un lugar donde aquellos que odian la ignorancia pueden luchar por el conocimiento, donde aquellos que perciben la verdad pueden luchar para que otros la vean”

Luchar por el conocimiento y luchar por la verdad, serán las batallas que tendréis que entablar en el futuro más próximo, hasta que terminéis el siguiente ciclo de vuestra formación universitaria. Esos serán vuestras obligaciones y retos más inmediatos. El conocimiento y la verdad son también los dos grandes pilares sobre los que se asientan ya vuestra joven y desafiante generación.

Por mis años pertenezco a la generación que hoy se llama “baby boomer”. Pertenecemos a ella los que nacimos después de la segunda gran guerra mundial del siglo pasado. No llegamos a conocer el dolor, ni los padecimientos físicos y morales de nuestros padres y abuelos, aunque nos los transmitieron y nos educaron con un gran esfuerzo personal y económico para que nunca más se repitieran las tragedias de millones de personas que durante el pasado siglo murieron por la insensatez, el fanatismo y el enfrentamiento entre pueblos y naciones.

De los deseos de paz y bienestar de esas generaciones nació una nueva Europa. Sobre las cenizas de dos grandes guerras los tres padres fundadores, Robert Schumann, De Gásperi y Konrad Adenauer idearon todo un entramado de instituciones que hoy se conocen como la Unión Europea y que han dado a los pueblos y ciudadanos europeos el período más largo de paz y prosperidad de nuestra historia.

Y sois los de vuestra generación, como las anteriores desde hace ya más de sesenta años, las que nos hemos beneficiado de aquel proyecto ideado para la reconstrucción económica, política y moral de Europa. Lo hicieron sobre los principios de nuestra civilización y cultura cristiana. Los mismos principios que habéis recibido desde vuestra educación en este Colegio del que pronto os vais a despedir.

Hoy disfrutáis, y  disfrutamos de grandes infraestructuras de comunicación como carreteras, aeropuertos, puertos o de ciudades modernas y dinámicas con sus edificios rehabilitados, sus recuperados paseos marítimos o sus embellecidos y en muchos casos reconstruidos pueblos del interior. Nuestra querida Málaga es un claro ejemplo de esa recuperación económica, social y cultural gracias en buena parte a la solidaridad y la cohesión de una Europa unida.

Pero no han sido solo beneficios económicos los que hemos obtenido los europeos, hemos alcanzado cotas de libertad inimaginables en otros tiempos. Un espacio de más de 500 millones de habitantes donde la libre circulación de personas, bienes y capitales ha roto barreras y fronteras y nos ha intercomunicado en nuestras relaciones personales, económicas o sociales.

Cientos de miles de estudiantes de 31 países se benefician del programa más conocido entre la población universitaria europea, el programa Erasmus, que sirve además de para fomentar el aprendizaje, la cultura y las costumbres de los países que acogen a los estudiantes, para que aprendáis también lo que se ha conseguido y se puede seguir conquistando desde la cohesión y la solidaridad entre los ciudadanos y los pueblos de Europa.

Pero no es mi propósito extenderme aquí, como si de una lección magistral se tratara, en las bondades de las instituciones europeas y en la descripción de sus estructuras y funcionamiento con  datos, y  cifras que harían aburrida e insoportable mi exposición .En el limitado tiempo del que dispongo solo dos o tres reflexiones sobre el por qué del título de mi disertación : Rejuvenecer Europa.

Tenéis que conocer con lo que os vais a enfrentar cuando el curso que viene iniciéis vuestras carreras para formaros profesional y humanamente en la Universidad. Formáis parte muy activa ya de la nueva era digital con sus grandes adelantos y avances en el ámbito de la información, el conocimiento y la aplicación de las nuevas tecnologías. Hoy  ni los idiomas, ni las distancias físicas o geográficas, ni las fronteras son ya barreras para la humanidad, estáis metidos de lleno en un mundo nuevo, apasionante, intercomunicado, aunque eso sí, no exento de riesgos.

Ahí fuera, vais a descubrir una sociedad más dinámica, más vertiginosa y más global, como ya lo sois vosotros. Lleváis en vuestro ADN la tecnología y una gran capacidad de innovación, de altruismo y de participación. Si a esto le unís vuestra valentía para no temer a la movilidad y hacer frente a los desafíos ante lo desconocido, es lógico e ilusionante a la vez, que vuestros padres y educadores, después de estos años de formación, hoy se sientan orgullosos y esperanzados de las condiciones en las que vais a emprender este nuevo camino.

Con todos estos presupuestos permitidme que os haga una llamada a la responsabilidad. No nos decepcionéis. No todo va a ser un camino de rosas.  La Europa que construimos con tanta ilusión la generación de la post guerra y que hemos puesto en vuestras manos, ya no es la misma que la que vais a encontraros. Hoy, esa Europa, tengo que ser sincero con vosotros, está enferma de cuerpo y alma, pero os rodean grandes virtudes y capacidades para asumir el reto de sanarla y recuperar su vigor y fortaleza.

Los europeos hemos conseguido con un gran esfuerzo solidario e inteligencia colectiva y de la mano de grandes líderes políticos o religiosos derribar muros contra la libertad, garantizar unos altos niveles de estabilidad y protección social, cohesionar ciudades, regiones y Estados distribuyendo recursos y riquezas y unos muy altos niveles de protección de los derechos humanos. De esos os habéis también aprovechado todos vosotros.

Pero no es oro todo lo que reluce. Hay viejos fantasmas que vuelven a ensombrecer no ya a España y a Europa si no a toda la sociedad y civilización occidental. Las raíces cristianas de Europa hoy ya no son tan firmes como cuando Robert Schumann en su discurso ante el Parlamento europeo en 1959 declaraba que “la democracia ha nacido y se ha desarrollado con el cristianismo, ha nacido cuando el hombre, fiel a los valores cristianos ha sido llamado a valorar la dignidad de la persona, la libertad individual, el respeto de los derechos de los demás y el amor del prójimo.”

El propio Papa Francisco, lo recordaba ayer mismo a los 27 Jefes de Estado de gobierno de la UE que se reúnen en Roma para celebrar hoy mismo el 60 aniversario de la Unión : “Esta hermosa institución rejuvenecerá si vuelve a poner la persona humana, en lugar de las finanzas, en el centro de sus prioridades políticas.

No os olvidéis de los principios cristianos que habéis mamado en vuestros hogares y en el colegio. Ellos os servirán de guía para construir vuestro futuro académico, personal y profesional y os lo pido encarecidamente desde mi experiencia personal. Nada de lo que he hecho en mi vida ni de lo que he aportado y  aún deseo seguir aportando a la sociedad, hubiera sido posible sin la educación cristiana que recibí durante mis primeros años de infancia y juventud.

La indiferencia o el rechazo ante la inmigración de los hambrientos , la crisis de los refugiados que huyen de las masacres de la guerra, el desprecio a la vida desde su concepción, el nacimiento de los nuevos populismos de extrema derecha o izquierda o la dictadura del relativismo actual que abandona al hombre a su propio yo y sus apetencias, son algunos de los males de nuestra sociedad actual.

Pero no “tengáis miedo”, como tantas veces repetía San Juan Pablo II a los jóvenes en sus encuentros. En vuestros hogares y en el Colegio habéis tenido el privilegio de recibir, con el esfuerzo de vuestros padres y profesores una formación humana y religiosa muy sólida, para afrontar estos retos.

¿Qué es lo que os demandamos ahora que estáis a punto de una nueva inmersión intelectual y de un nuevo paso en la formación de vuestra personalidad?

En primer lugar que por un deber de justicia no desaprovechéis esta gran ocasión que la sociedad os ofrece para adquirir todos los conocimientos necesarios para vuestra formación profesional. El camino que elijáis va a marcar toda vuestra vida y ser un profesional de prestigio es el mejor servicio que podéis prestar a la sociedad en todos los órdenes.

En segundo lugar vais a asumir una importante responsabilidad: liderar el rumbo de una nueva sociedad, de una nueva Europa. Os corresponde a vuestra generación  rejuvenecer la idea de Europa. Debéis “humanizar” a una sociedad que hoy está sumida en ideologías obtusas y violentas. No desechéis el proyecto de construir un espacio común lejos de la exasperación y la intolerancia.

Sois unos jóvenes que le dais un gran valor a la honestidad: rebelaos contra la corrupción personal y colectiva que tanto daño nos está haciendo. Sois también unos jóvenes  solidarios y con un gran espíritu de fraternidad: rebelaos contra los explotadores y traficantes de seres humanos, contra quien propaga la desunión y la violencia y sois unos jóvenes educados en la fe cristiana: recuperad las raíces cristianas de Europa, sed valientes y audaces para defender la unidad y estabilidad de la familia  como garantía también de la estabilidad de la propia sociedad española y europea.

Tenéis en vuestras manos la posibilidad de generar una Europa joven y más comprometida con la dignidad del ser humano. Abrid las ventanas para que el aire limpio de la honestidad, la vida sencilla, la dignificación del trabajo y de los salarios justos o de la familia detenga la pendiente del materialismo, el consumismo desenfrenado o el hedonismo que tanto daño nos están causando.

Hoy ya estáis viendo a través de los medios de comunicación social los peligros que se ciernen para la paz y convivencia pacífica no solo de Europa si no de todo el mundo. Todos y cada uno de nosotros tenemos la obligación personal de contribuir a que el dolor que produce en los seres humanos la violencia terrorista, las guerras injustas o la falta de trabajo y la pobreza no sea la constante diaria que gire alrededor de nuestras vidas.

Vuestra contribución es más sencilla de lo que parece. A vuestra inquietud y rebeldía juvenil tan necesaria hoy, tenéis que sumar el aprovechamiento de vuestras horas de trabajo y estudio que son perfectamente compatibles con adquirir una sólida formación cultural, personal y social que os va a ofrecer la Universidad.

Permitidme una última reflexión al hilo de unas palabras pronunciadas por el escritor y politólogo católico norteamericano George Weigel, a los estudiantes de la Universidad de Dallas para incitarles a la construcción de un espacio público de libertad.

“Frente a quienes ven en la tradición un enemigo del progreso humano, Weigel les explicó que la civilización occidental prosperó sobre las bases de Jerusalén, Atenas y Roma. Estos tres pilares, dijo textualmente, –la religión judeocristiana, la confianza en la razón y el derecho- hicieron florecer la libertad en Occidente.

Pues bien, hay quienes hoy pretenden debilitar cada uno de estos tres pilares y sacudirlos para derribarlos. Hay quienes quieren desterrar a Dios de la cultura occidental propagando un “humanismo ateo”. Hay quienes también pretenden imponer un “laicismo hostil” relegando las humanidades y provocando una gran desorientación en el campo de la ética y la moral y hay quienes todo lo “relativizan” socavando los fundamentos del Estado de derecho.

Lejos de sentirnos pesimistas y arrinconados por estas nuevas corrientes yo os animo desde aquí a que pongáis en marcha todo vuestro potencial juvenil para ayudarnos y ayudaros a recuperar y defender sin miedo, los espacios de libertad.

Para que impulséis, como decía George Weigel, un renacimiento de la libertad bien entendida o sea “una libertad vinculada a la verdad moral y ordenada al bien; una libertad vivida noblemente y no de forma egoísta; una libertad vivida para el bien común.”

Muchas gracias, enhorabuena y mucha suerte a todos.