Terminada la inevitable polémica sobre quienes iban a ser los contendientes, los platós en los que se montarían los combates y el sorteo para la primera y última pegada, ayer saltaron al ring los cuatro “elegidos” a dedo por la Junta electoral, que actuó como una especie de VAR para una contienda donde se excluyeron a Vox y al resto de quienes van a competir en las urnas del 28A.

Si Sánchez ha rehuido lo que hubiera sido el normal enfrentamiento dialéctico con Pablo Casado que es el contrincante más representativo por  el respaldo parlamentario que hasta hoy le rodea, no es normal ni democrático que en un debate a varias bandas, no estuvieran todos los que concurren a las elecciones y especialmente quienes tienen representación en parlamentos como el nacional o autonómico. Se trata pues de dos debates artificiales  que ni en su desarrollo ni menos aun en su resultado final, añadirán nada apreciable a los votos reales con los que los ciudadanos decidirán el destino de España para los próximos cuatro años, teniendo en cuanta que además un millón y medio ya lo han hecho por correo.

Las cuatro figuras hieráticas que la Televisión pública nos ofreció para combatir en este primer round, Sánchez, Rivera, Casado e Iglesias, más parecían representar el producto envasado de sus expertos publicitarios que luchadores dispuestos a enfrentarse a calzón quitado, con golpes en la mandíbula o  a esquivarse con un buen movimiento de piernas y brazos. Solo Rivera parecía haberse subido al ring con esa intención pero en un momento dado sus mamporrazos iban a diestra y siniestra y con golpes al aire, que demostraron no ser efectivos para el KO de Sánchez, sino en todo caso para una mínima victoria por puntos.

Entiendo que Pablo Casado se  reservará su bien estudiada y brillante oratoria para el segundo round con golpes mas eficaces y certeros que en el primero; Sánchez no podrá abandonar ese aire de altivez, hipocresía y fragilidad que demuestra por sus perniciosas alianzas  con la extrema izquierda y los independentistas; Rivera fijará sus golpes contra Sánchez de quien dice que quiere derrotar y hacer caer en la lona y  Pablo Iglesias tratará de seguir predicando su casposo comunismo  con su evangelizadora constitución. Por si acaso ya tengo mi entrada y mi asiento reservado para este segundo combate…esta noche más.