En primer lugar, deseo agradecer las muestras de afecto y aprecio que me habéis dispensado, queridos amigos y lectores, desde que he asumido mi nueva responsabilidad como Subdelegado del Gobierno de la Nación en la provincia de Málaga, todo un honor y sin duda un apasionante reto.
Después de una larga vida dedicada al servicio público desde la administración en mi calidad de funcionario y también desde la política en los lugares que mi partido ha estimado disponer, nada mejor que un broche de oro como es representar al gobierno de Mariano de Rajoy y de España en esta bella tierra andaluza que es Málaga capital  y su hermosa provincia.
Sin duda todo trabajo de este nivel y dedicación exige algún sacrificio. Últimamente os confieso que había descubierto en el ejercicio de la escritura plasmada en mis artículos de opinión y reflexión sobre temas de actualidad, el inicio quizás de una nueva aventura literaria, me encontraba cómodo y dispuesto siempre a dedicarle una parte de mi tiempo libre.
Pero se ha cruzado este nuevo destino, esta nueva llamada al servicio de la sociedad desde una óptica  ilusionante como es ejecutar las políticas de gobierno en el territorio que se me ha asignado dirigiendo los organismos y empleados públicos de la Administración General del Estado en la provincia. Una labor que me exigirá sin duda mucho tiempo y esfuerzo para que los ciudadanos malagueños y visitantes, se sientan más seguros, disfruten de sus derechos en paz y libertad y todos los servicios que les preste nuestras administraciones tengan el sello de la calidad y eficacia, aun con las limitaciones de los difíciles tiempos en los que vivimos.
Pero no os preocupéis, mis queridos lectores, que no es una despedida, ni siquiera un hasta luego. Solo pido de vuestra compresión para que entendáis que ahora además de mi trabajo ordinario y en ocasiones extraordinario, utilice todos los medios necesarios, incluido mi blog, artículos y las redes sociales para propagar e informar a la sociedad de mi actividad principal, siempre desde mis irrenunciables convicciones personales y con el acento puesto en una sociedad que como la nuestra exige que se le gobierne en estos momentos con austeridad, eficacia y determinación.
España, Andalucía, Málaga…necesitan un cambio profundo en el estilo y modo de ser gobernadas y administradas. Transparencia, sinceridad y honestidad son las reglas que se deben imponer en la gobernanza de los pueblos. Estamos pagando una factura muy elevada por la irresponsable actuación de muchos dirigentes de nuestra sociedad en los vastos campos de las administraciones públicas, laboral, finanzas, relaciones internacionales etc.
Ello nos está conduciendo a grandes sacrificios en los ámbitos público y privado. Debemos mantener la fortaleza de nuestra sufrida clase media, proteger a los más débiles y que no sean los trabajadores públicos y privados  los paganos principales de los desmanes que venimos conociendo. Ahora toca Andalucía. Estoy convencido que  los andaluces reaccionaremos igual que el resto de España. Será bueno incluso para la salud de los que hoy gobiernan desde hace treinta años que lo hagamos desde las urnas, los retiremos a un merecido descanso después de treinta años, para que limpien fondos, modernicen su embarcación y elijan nueva tripulación. La nuestra, la de Javier Arenas y la del PP andaluz ya está preparada para un relevo ilusionante y esperanzador, será nuestro próximo puerto de llegada. Hasta pronto queridos amigos, seguiré en la brecha.