En todos los medios de comunicación relevantes, televisión o radio, se han instaurado las tertulias como un método para transmitir opiniones diversas sobre temas de actualidad, preferentemente políticos.

Al partidismo, sectarismo y en ocasiones el escaso rigor de algunos tertulianos se añade en muchas ocasiones una tendencia a radicalizar el lenguaje con exageraciones y afirmaciones contundentes. Sería más conveniente y deseable “desprofesionalizar” el formato y buscar más la conversación espontánea entre anfitriones con posturas enfrentadas sobre el mismo tema y con una mayor participación de ciudadanos dispuestos a debatir en un tono más respetuoso y productivo.

Al dramatismo actual del panorama político se añade un  alto nivel de desprecio mutuo donde los rivales se entrecruzan gruesas palabras que colaboran en incrementar la crispación no solo de los tertulianos sino también de los oyentes o televidentes que terminan por desconectar para sentirse en ocasiones más aliviados de las tensiones que los problemas diarios le originan.

Desarrollar argumentos, plantear objeciones y crear un ambiente distendido en las tertulias es una forma más de contribuir a que nuestra sociedad rebaje la tensión que le provoca  un exceso de información despersonalizada y tecnificada. Parafraseando a un pensador y filósofo francés siempre es mejor buscar el acuerdo en dos o tres o puntos que comprendemos, que discutir sobre dos o tres mil que no podemos comprender.