• Categoría de la entrada:Política Nacional
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

Entre la pandemia coronavírica y el sainete burlesco de la vida política española, la parodia nacional, es lo más parecido al espectáculo diario que nos ofrece esta nueva generación de dirigentes y representantes públicos. Situémonos en un escenario teatral de la antigua Grecia.

Una tragicomedia griega

 La primera tragicomedia que se conoce con el nombre de Amphytruo (Anfitrión) se atribuye a Plauto y en ella existe un monólogo del personaje Sosías que hace una parodia de la campaña militar de Nobilior contra los etolios. En toda tragicomedia griega existía siempre un coro que es quien ponía el toque de humor. Ya tenemos los personajes principales: Sosías se ha encarnado en el comunista Pablo Iglesias y Nobilior en el generalísimo Sánchez, que ha desatado desde hace un año, una campaña cuasi militar para “destruir” y aniquilar a la derecha etolia, enemiga del pensamiento único y de su pretendido Estado republicano, laico y cívico-religioso.

 

El coro es toda esa pléyade de ministros y ministras sin competencias porque sus carteras están transferidas a las CCAA. Es el caso de la de asuntos sociales, sanidad, educación, consumo, cultura. universidades, Industria, turismo y comercio, transición ecológica y reto demográfico que unida a la de igualdad conforman una fiel infantería de personajes y personajas (en lenguaje inclusivo), que ningún contribuyente sabe a que se dedican a lo largo de sus tediosas pero bien retribuidas jornadas ministeriales.

El comunista Iglesias

 El comunista Iglesias, principal actor de la parodia gubernamental, encoletado primero y enmoñado después, se ha cansado de vaguear desaliñadamente por los despachos monclovitas y de aparecerse en los sueños de Sánchez, enredando en su indescifrable e intrincada mente para robarle su sueño perturbador. Salir dando un portazo de la Moncloa sin dar una coherente explicación solo responde a una decisión personal, que por un lado deja desnuda e inerme a su formación podemita ante el generalísimo Sánchez, y por otra beneficia sin lugar a dudas a España, sufridora de sus intemperancias revolucionarias. El parodista ha desertado y ha cerrado el primer acto de la parodia gubernamental, todo será ya diferente a partir de su “abandono”.

Entró en el gobierno de España de la mano del generalísimo Sánchez, para cooperar con los etarras e independentistas en desmantelar el Estado y abolir la Constitución;  destruir la monarquía parlamentaria y declarar la república; imponer la censura a  los medios privados de comunicación y  redes sociales, controlando a su vez, la televisión y radio pública; atacar la propiedad privada, permitiendo su ocupación con absoluta impunidad y socavar los pilares de la sociedad y sus instituciones más básicas como la justicia, la monarquía, la universidad o incluso la propia familia.

 Nos hemos liberado del desaseo personal de todo un Vicepresidente del Gobierno de España, amigo de terroristas e independentistas, que entraba y salía de la Moncloa y del Parlamento, como el sheriff de Galapagar. Nos hemos liberado también de sus soflamas asamblearias que recordaban aquella oratoria revolucionaria de Dani el Rojo del mayo francés del 68 y finalmente de los abrazos y su ratonil sonrisa con el generalísimo Sánchez, unidos con el único objetivo de encarcelar las ideas, las libertades y los pensamientos de los españoles que ni creemos ni participamos de sus delirios esclavistas para imponer un Estado opresor y totalitario.

Mociones de censura

 La compañía teatral de la Moncloa se ha quedado sin su Pablo Iglesias, su actor principal, pero la parodia  está lejos aún de terminar. La fallida estrategia del dúo Sánchez/Redondo para desalojar a la derecha “etolia” de sus propios territorios, con sendas mociones de censura que la amazona Arrimadas les facilitaba,  ha provocado un terremoto político de incalculables consecuencias. De momento los regeneradores de la democracia, Pablo Iglesias e Inés Arrimadas, ya no tienen capacidad ni para regenerarse a sí mismos, fracasaron en el intento.

Pero no esperaba Pedro Sánchez que de las derrotas de sus mociones, surgiera una madrileña como Isabel Díaz Ayuso que, emulando de una forma incruenta la gesta de los capitanes Daoiz y Velarde, se ha levantado contra los invasores de la libertad, del desarrollo y de la pacífica convivencia de los madrileños. El segundo acto de la parodia, promete…

Jorge Hernández Mollar

Nací en Melilla. Licenciado en Derecho, funcionario del Cuerpo Superior de la Administración de la Seguridad Social, Senador, Diputado a Cortes y Diputado al Parlamento Europeo..Subdelegado del Gobierno en Málaga

Deja una respuesta