L’État, c’est moi (El Estado soy yo), esta expresión absolutista se atribuyó al Rey Sol, Luis XIV de Francia. Pues bien al republicano Sánchez está solo a un paso de pronunciarla en una de esas entrevistas que con tanto esmero y servilismo le prepara su Rasputín monclovita, Iván Redondo.

En tres ocasiones y en sendas comparecencias públicas, nuestro” Rey Sol” Republicano, Pedro Sánchez, haciendo alarde de su espíritu democrático y dialogante se ha apropiado sin pudor alguno de la Fiscalía, la Abogacía del Estado y el reparto de los Fondos con que la Unión Europea irá regando el desierto de nuestra maltrecha economía y el estado casi catatónico de nuestra salud como consecuencia del Covid-19.

Dijo en RNE que como la Fiscalía depende del Gobierno, traería a España a Puigdemont, dijo también en Antena3 que  la Abogacía del Estado formaba parte de sus “dominios” y que presionaría para que Oriol Junqueras recogiera el acta de eurodiputado previo reconocimiento de su inmunidad por el Tribunal Supremo para que pudiera pasearse por Europa, denigrando a España, hasta que el Parlamento Europeo le concediera el suplicatorio. Finalmente desde la prepotencia, soberbia y espíritu totalitario que le caracteriza le anunció a los presidentes de las comunidades autónomas que el dinero de la Unión Europea los “asumía” personalmente para repartirlos a su gusto…

Bien, pues ni Puigdemont ha regresado a España (ni ganas que tenemos de ver a este traidor pisando el suelo español), ni el orondo Junqueras ha recogido el acta de europarlamentario y sigue en prisión (como es de justicia) y ni en cuanto a  los Fondos está claro que la Comisión Europea vaya a actuar como trágala al examinar el plan de recuperación y resiliencia que está obligado a presentar el gobierno español para el programa de reformas e inversiones del Estado. La pregunta inmediata es ¿con quien va a contar para la formalización de este Plan? ¿va a crear una Comisión de expertos “sui generis” como la de la desescalada? ¿van a intervenir las CCAA con ese melifluo espíritu de gobernanza que tan pomposamente anunció?

Tiempo habrá de analizar las condiciones y consecuencias del acuerdo del Consejo Europeo del mes de Julio que dio motivo a uno de los espectáculos más infantiles y pelotudos (como diría un argentino) del gobierno. El “paseíllo” entre sus ministros y ministras filocomunistas aplaudiendo ardorosamente a un jefe que casi se contoneaba al ritmo del “aplausiómetro” y que remató en la plaza del Congreso con una fuerte ovación del tendido izquierdista, prietas las filas y  completo el aforo de sus escaños incumpliendo impunemente un acuerdo de la Mesa, por cierto con un silencio atronador de la oposición.

Pero esta es la hora que me acaba de sorprender la triste y preocupante noticia que ha dejado paralizado al pueblo español. El rey emérito Juan Carlos I abandona España : “Ahora, guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, a sus instituciones y a ti como Rey, te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España.” Así reza su despedida en el lacónico comunicado de hoy 3 de Agosto del año 2020, fecha que será recordada especialmente por  todos los españoles que hemos vivido junto a S.M. uno de los  períodos más prósperos de nuestra historia. Un hecho de esta relevancia exige un análisis mucho más sereno y meditado que la impronta sentimental que provoca el fin de una etapa histórica de nuestra democracia protagonizada por un Rey que, con sus defectos y errores pero también con sus aciertos y virtudes,  ha sabido infundir a sus generaciones contemporáneas el orgullo de pertenecer a una nación querida y respetada en todo el mundo durante su reinado.

Gracias Señor por el servicio que durante cuarenta años has prestado a España y gracias por haber defendido con firmeza y convicción nuestros legítimos deseos de vivir en democracia y libertad. La “nueva anormalidad” acaba de empezar…

 

 

 

 

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