Cualquier español que se precie y que se haya sentido perturbado por el dolor y el sufrimiento que han padecido las personas inocentes a las que se les ha truncado su vida de una forma cruel y sanguinaria en la Rambla el día 17, no puede estar satisfecho ante lo que se ha podido contemplar durante la manifestación que se ha celebrado nueve días después en Barcelona.

 

Puede la extrema izquierda catalana, antisistema, anarquista y comunista estar satisfecha porque han conseguido su propósito con la colaboración entusiasta de la derecha nacionalista, encabezada por el histriónico y sedicioso independentista Carlos Puigdemont. Pero Insultar y vejar verbalmente al Jefe de Estado y al Gobierno de la Nación y consecuentemente al resto de los españoles no les va a salir gratis.

 

Había muchas víctimas de múltiples nacionalidades, cuyos países de origen son amigos de España, no de Cataluña, sino de España y en el mundo global en el que vivimos, las imágenes de la manifestación, que han dado la vuelta al planeta, han resultado hirientes y decepcionantes para muchas de estas naciones de Europa, EEUU y de otras partes del mundo que se han sentido atacadas también a través de sus ciudadanos fallecidos o heridos en el trágico atentado.

 

Todo estaba preparado para esto. ¿Lo sabían las autoridades y representantes de los partidos asistentes? ¿Lo sabía Zarzuela? ¿Lo sabía Moncloa? ¿Sabían que los iban esconder en una segunda fila para desvalorizar    la representación del Estado? ¿sabían que la bandera de España no aparecía en ningún rincón de la manifestación?

 

Mucho me temo que sí, es por eso que a la vista del lamentable espectáculo hay muchos españoles de bien que nos preguntamos si no ha llegado ya la hora de decir ¡¡ Basta ya!!, como aquel Espíritu de Ermua con el que iniciamos la derrota del terrorismo vasco.