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Desde el final de nuestra guerra civil hasta la proclamación de nuestra Constitución de 1978, España atravesó un largo desierto político en el que muchas generaciones transitamos conducidos por un general acaudillado desde una victoria fratricida que le coronó con todos los poderes absolutos del Estado.

El aislamiento de nuestra nación en el contexto internacional, reforzó aún más el liderazgo del general Franco que rodeado de un gobierno monolítico reconstruyó una España devastada, rota económica y socialmente. El régimen franquista renegó de cualquier tipo de participación política a través del sistema de partidos y formulando la democracia como “orgánica”, instituyó la familia, el municipio y el sindicato como los únicos  cauces de representación de la sociedad.

El sufragio universal, el parlamentarismo y la participación de los ciudadanos a través de los partidos políticos, estaban anatematizados. El socialismo y el comunismo, los grandes derrotados de la contienda junto a la república, no podían ni debían coexistir con un régimen esencialmente militar y de partido único. Estaban proscritos del lenguaje, de la educación y de la vida ordinaria de los españoles.

Durante casi cuarenta años, millones de españoles nos educamos, trabajamos y convivimos en una paz, si se quiere impuesta pero real, hasta la muerte del dictador que ocultó durante su largo mandato la persecución y el hostigamiento a quienes osaban discrepar de su dictatorial forma de gobernar el país.

Después de su muerte su frágil castillo de naipes se desmoronó y aquellos que  aplaudieron y aprobaron sus leyes fundamentales u ordinarias se autoinmolaron ejemplarmente ante una inevitable presión de la lógica política y democrática : el caudillismo fascista y comunista era incompatible con una Europa que día a día iba forjando un proyecto de construcción común de intereses económicos y políticos sobre los principios de las libertades y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

El Rey Juan Carlos junto al comunista Santiago Carrillo y el socialista Felipe González facilitaron con el conservador Manuel Fraga y el centrista Adolfo Suárez, el transitar hacia una España donde el espíritu de concordia y de convivencia pacífica ayudara a superar la fractura social y política que había provocado un régimen agotado y desaparecido con  la persona de su fundador.

La Constitución de 1978 nos ha proporcionado a los españoles el período más largo de entendimiento, paz y desarrollo. El esfuerzo y la laboriosidad de los españoles junto al ingreso en la Unión Europea, ha contribuído de una manera inimaginable a la modernización y construcción de nuestras infraestructuras de comunicaciones, del urbanismo, medio ambiente y de nuestra producción agrícola o pesquera.

La movilidad sin fronteras en todo el territorio europeo ha sido un espacio de seguridad y libertad  inimaginable para que nuestros jóvenes disfrutaran de grandes oportunidades de formación cultural, profesional y empleo. Por otra parte el correcto funcionamiento de las instituciones del Estado sobre el principio de la separación de poderes como la Corona, las Cortes Generales y el Poder Judicial han garantizado durante todos estos años un largo período de prosperidad y de estabilidad social y política.

Esta nueva conmemoración de nuestra Carta Magna, cumplidos ya   cuarenta y dos años desde  su nacimiento, se aleja del oropel que la rodeaba en el Congreso de los Diputados. La gestión de la pandemia por un lado y por otro el desorden constitucional que rodea a la acción política, económica y sanitara del gobierno filocomunista de Pedro Sánchez están poniendo en serio riesgo de involución los principios que la animaban y los fundamentos que la han hecho perdurar.

La Corona cuestionada desde el propio Gobierno, las Cortes Generales en hibernación y limitada su capacidad de representar la voluntad popular y el Poder Judicial cada vez más mediatizado en su independencia han dejado de ser la garantía del buen gobierno y administración de los intereses de la sociedad española.

Si a esto le añadimos el  caos y descoordinación por parte del Gobierno y de las Autonomías en el funcionamiento de las competencias sanitarias ante una emergencia nacional y el rechazo social que está originando la nueva Ley Celaá, amén de las permanentes declaraciones y amenazas para enterrar la Constitución, existen motivos más que suficientes para que la sociedad civil exija que las instituciones del Estado reaccionen y eviten no ya la ruptura del mismo sino el restablecimiento del orden constitucional hoy en peligro.

“ Escribo contra el uso ignorante de nuestro idioma, porque el español pertenece a muchos millones de seres que no son españoles, porque es nuestro patrimonio común más consistente y porque si se rompe, todos quedamos rotos y sin la fuerza que algún día podemos tener juntos”

Esta clarividente reflexión de Fernando Lázaro Carreter, que en su día fue Director de la Real Academia Española, profetiza nuestra ruptura constitucional si al menos no somos capaces de garantizar nuestro patrimonio común más querido y reconocido mundialmente: la lengua española, ¿ seremos capaces de evitarlo? España y su Constitución lo merecen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jorge Hernández Mollar

Nací en Melilla. Licenciado en Derecho, funcionario del Cuerpo Superior de la Administración de la Seguridad Social, Senador, Diputado a Cortes y Diputado al Parlamento Europeo..Subdelegado del Gobierno en Málaga Colaborador del MelillaHoy, Diario SigloXXI,El ConfidencialDigital. La AlternativaDigital, Malagareporter, CanalMálaga.

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Esta entrada tiene 6 comentarios

  1. Alejandro Soler

    Has resumido magníficamente los últimos 82 años de la vida española, del cero al infinito para volver de nuevo al casi cero. Dios nos proteja de los tiempos venideros.

    1. Jorge Hernández Mollar

      Bueno he tratado de hacer un relato de lo que ha pasado hasta hoy y de lo que viene si n o lo remediamos, como dices un terrible regreso al cero. Besos primo y cuídaros

  2. RAFAEL ORDÓÑEZ

    Echo de menos una mención a Torcuato Fernández Miranda como motor de la Transición. La figura de Franco hoy se agiganta día por día entre muchos jóvenes que ven que lo que hoy gobierna en España es el comunismo. Así de simple, así de grave. 100 millones de asesinados a sus espaldas y media España encantada. Nunca el comunismo acabó bien, ahora tampoco.

    1. Jorge Hernández Mollar

      El problema de citar a personas concretas es que siempre hay alguno que se escapa pero lo que dices es cierto. Del comunismo nada que añadir pero evidentemente Franco ya no es ninguna solución, los jóvenes aún siguen adormilados y son ellos a los que corresponde reivindicar un futuro con más certidumbre del que se avecina…gracias y un abrazo Rafael

  3. Ginés

    Genial ,toda la verdad resumida en pocas pero excelentes palabras.Cada vez que veo o escucho la información política actual me da la sensación de vivir una pesadilla …pero no es la realidad .En algo ha fallado ..al final este proceso excepcional …el futuro ya es incierto con los personajes que están gobernando ..o lo que sea .

    1. Jorge Hernández Mollar

      Ginés, no me cabe duda que lo que ha fallado es la educación, el modelo educativo de todos estos años y el que viene será peor aun. Tu sabes de eso mas que yo. Un abrazo y gracias por tu comentario