José María Aznar

Si algo no se le puede reprochar a José María Aznar es que deje indiferente a su auditorio y así lo demostró en su reciente conferencia-coloquio organizada por radio Cope de Málaga. He de confesar que siento un especial afecto hacia su persona y que ese respeto y reconocimiento hacia su liderazgo político viene motivado por la cercanía en la intensa colaboración y responsabilidades que asumí en el Parlamento nacional y europeo durante la etapa de su Presidencia del Partido y del Gobierno.
Me gustaría destacar la más relevante virtud que le adorna y que ha constituido el eje central de su pensamiento y de su actuar personal y político: su encendido patriotismo. Aznar no comprende una España zarandeada por un fagocitante nacionalismo o el frívolo actuar de políticos vacuos o irresponsables.
Su “idea” de España está sedimentada en un profundo conocimiento de su historia, en una confianza sin límites en sus recursos y capacidades y en una obsesiva preocupación y ocupación porque España tenga en Europa y en el mundo la posición, relevancia y respeto que su larga trayectoria como Nación se merece.
Sus reflexiones le llevan a concluir que la “descapitalización” de España en lo económico y en lo político, así como la renuncia a los principios que inspiraron la transición, además del sorprendente debilitamiento de nuestro Estado en clave de desarrollo autonómico y prestigio internacional nos ha situado a los españoles al borde del precipicio.
Es tal la gravedad de la situación que no le falta razón cuando llega a afirmar que ni aun siendo el propósito del actual Gobierno rectificar, dispone ya de medios para sacarnos del agujero, lo que le lleva a la conclusión de que solo un adelanto electoral “inmediato” puede constituir un inicio de esperanza. Aún así el futuro Gobierno, sea del color que sea (sic), tendrá enormes dificultades para afrontar los muy graves problemas de todo orden con los que se va a enfrentar.
Su expresión más triste la advertí cuando hizo referencia al capital dilapidado por el actual Gobierno. Cuestionada la Nación en sí misma, las Autonomías presentan hoy unas graves insuficiencias y deficiencias económico/políticas; la dramática situación de millones de jóvenes y familias que sufren la lacra del desempleo ensombrece el presente y futuro de la sociedad española; el equilibrio institucional se ha “desbordado” y la mayoría de los españoles desconfían ya de su eficacia; los actuales dirigentes sindicales se han convertido en parte del problema para resolver la dramática ola del paro que nos inunda y la Unión Europea nos ha encapsulado porque somos unos socios que no hemos cumplido con nuestras obligaciones de disciplina y estabilidad presupuestaria constituyendo un peligro para la fortaleza del euro.
Esta descripción de la realidad española, que algunos en su ciega tozudez pueden tachar de catastrofista, es desgraciadamente la que detecta el hombre/mujer de la calle. Lo cierto y verdad es que la clase media española, garantía y sostén de nuestra democracia y de todas las de nuestro entorno, está siendo la más castigada y cada día más empobrecida. Su capacidad adquisitiva ha disminuido alarmantemente y se siente acosada, asfixiada e indefensa por los impuestos estatales, autonómicos y locales, le aburre la clase política y se siente muy alejada de los actuales representantes y dirigentes sindicales. Para colmo de males Belén Esteban, Cristiano Ronaldo, Messi o José Tomás se han convertido en los grandes líderes mediáticos y sociales, muy por encima de los políticos, los intelectuales, los agentes sociales, los investigadores …
De la Iglesia solo atraen sus pecados y no sus virtudes que son infinitamente mayores, de las Instituciones del Estado sus enfrentamientos, sus corrupciones, su descoordinación y su escasa credibilidad entre los ciudadanos. No hay duda alguna que España está gravemente enferma. Como todos los pacientes, debe ser sometida a tratamiento, formular un buen diagnóstico y aplicar la terapia más necesaria y aconsejable. Al Gobierno le corresponde trasladar el enfermo a la UCI y eso supone un adelanto electoral, como requirió José María Aznar.
Los españoles quieren/queremos conocer el diagnóstico real de la situación y el tratamiento que se nos propone desde las diferentes opciones políticas. Los españoles queremos y podemos salir de este atolladero recuperando valores personales y sociales como el esfuerzo, la competitividad, el trabajo, la honestidad o la confianza entre nosotros. Los españoles queremos unas Instituciones menos mediatizadas y más fuertes e independientes. Los españoles queremos unas Autonomías y unos Ayuntamientos más austeros en el gasto, más solidarios con el Estado y con unas Administraciones más racionales, más profesionales y menos politizadas.
Los españoles queremos también un Gobierno de la Nación con autoridad en el Estado, con fortaleza en sus decisiones y con prestigio en el contexto internacional. Nuestra debilidad actual se trasmite a los mercados, a los inversores y a las organizaciones internacionales. EEUU se atreve ya a “dirigir” nuestra política presupuestaria; Alemania y Francia se inmiscuyen hasta en las decisiones políticas de nuestros partidos y Marruecos nos toca las narices cada vez que puede, por decirlo con suavidad…
José María Aznar, a pesar de sus errores que él dice además reconocer, es un líder indiscutible de la vida política española al igual que Felipe González. A los españoles también nos hubiera gustado ver en la Moncloa en estos momentos de tribulación, a los dos ex Presidentes departiendo con el actual, sobre la muy grave crisis económico/política que padecemos, hubiera sido un signo de generosidad y madurez democrática, hoy lamentablemente inalcanzable.

Jorge Hernández Mollar
Ex Diputado europeo PP