FRANCO Y ZAPATERO

El día que el entonces Presidente de Gobierno, Carlos Arias Navarro, anunció la muerte de Francisco Franco, todos los españoles nos sentimos atrapados por una sobrecogedora ansiedad. Éramos aquellas, unas generaciones educadas desde una paz “impuesta” por más de cuarenta años de una dictadura férrea en lo político, pragmática en lo económico y aislada en lo internacional.

La prensa y radio del Movimiento adoctrinaba desde el yugo del pensamiento y las flechas contra la democracia el devenir histórico de un pueblo que despertaba de una trágica pesadilla de fuego y sangre después de tres años de una guerra fratricida
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Los planes de desarrollo, el turismo, los pantanos y las primeras autovías fue la seña de identidad de una España que trataba de renacer de sus propias cenizas y en la que la imagen de nuestros emigrantes a Europa y América escribieron una de las páginas más relevantes de nuestra historia de la post-guerra.

Nunca el pueblo español podrá pagar la deuda de la que son acreedores tantos cientos de miles de hombres y mujeres que hoy con acento francés, alemán o belga recuerdan con lágrimas y cierta amargura el impresionante sacrificio que sus padres y abuelos se vieron obligados a hacer para sobrevivir a la miseria y pobreza de una Nación destrozada por la incomprensión y el odio
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La muerte del dictador y su régimen dio paso después de la Transición y de la Constitución de 1978 a uno de los períodos más brillantes de nuestra historia. España se fundió en un abrazo de perdón y olvido. Los españoles encauzamos a través de los Partidos políticos nuestra participación en la gobernanza del Estado y de sus instituciones, los aires de la libertad regresaron a la prensa, radio o televisión
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Nuestra plena integración en la Europa comunitaria es hoy una fuente de crecimiento, riqueza y desarrollo en lo económico, lo político o lo social, nuestro prestigio internacional avalado con la participación de eminentes españoles en foros e instituciones internacionales ha alcanzado unas cotas inimaginables y la participación de nuestros jóvenes en la pacificación de conflictos en cualquier lugar del mundo a través de nuestras Fuerzas Armadas o los éxitos que ellos mismos alcanzan en las competiciones deportivas manifiestan por sí mismo la energía y fortaleza de un Estado fuertemente unido y compacto, como es, al menos hasta hoy, el Estado español.

A lo largo de estos años solo ha tenido el pueblo español un enemigo : el terrorismo asesino de ETA y el de sus hermanos en el crimen que no son más que los terroristas que alimenta el integrismo islámico.

Pero este repugnante enemigo solo ha tenido a su vez otro, que no es más que la unidad y la fortaleza del Estado de Derecho y la unidad que representaban también los dos grandes Partidos políticos nacionales que a través del “Pacto por la las libertades y contra el terrorismo” pusieron contra las cuerdas a quienes a lo largo de estos años han puesto en peligro la paz, la libertad y la convivencia de los españoles.

Hoy desgraciadamente, vuelven a soplar vientos de tensión y enfrentamientos. Se está tratando de “eliminar” y “silenciar” a quien ostenta la representación de una parte muy importante de la sociedad española como es el Partido Popular al que se le agredió moral y físicamente en las elecciones del 14M y se le ha vuelto a agredir de la misma manera en el referéndum de Cataluña.

Se favorece desde el Gobierno hasta extremos muy peligrosos la implantación de un grupo mediático que como Prisa ha caído ya en la tentación de imponer el pensamiento único, de mediatizar los poderes del Estado para beneficio propio y de despreciar a todo aquello que no represente la complicidad y el asentimiento al poder constituido.

Se resucita la fantasmagórica “memoria histórica” removiendo cementerios, se enarbola como una premonición la bandera republicana para ir debilitando la bandera nacional representativa de la monarquía constitucional y se proclama virulentamente el laicismo del Estado para ir arrancando las raíces cristianas del pensamiento y sentimiento de los españoles.

Finalmente se resquebraja peligrosamente la fortaleza del Estado desde un nacionalismo ramplante e iluminario, ansioso de poder y destructor de la nación española y se debilita la unidad del Estado en la lucha más trágica y sangrienta desde el régimen de Franco que es la lucha contra el terrorismo.

¿Se está preparando un gran salto en el tiempo que borre de la “ memoria histórica” de los españoles la Transición democrática, la Constitución de 1978, la proclamación de la Monarquía y se retroceda a los albores de un nuevo régimen de dictadura parlamentaria republicana y federalizante?

Jorge Hernández Mollar
Ex Diputado al Parlamento europeo PP