Esperemos que  este gobierno, como el coronavirus, sea una enfermedad pasajera aunque aún desconocemos el número de cadáveres y heridos políticos que dejará a su paso, pero sobretodo que como está ocurriendo en China, la auténtica y verdadera enfermedad que es el comunismo no se nos haga crónica.

Si de algo podíamos presumir los españoles, es que recuperamos pacíficamente algunas de las libertades que una trágica etapa de nuestra historia nos arrebató después de una guerra fratricida. Afortunadamente la democracia orgánica se transformó constitucionalmente en una democracia representativa y el poder absoluto  revertió por una parte hacia la soberanía nacional del pueblo de la que emanan los poderes del Estado y por otra hacia una Monarquía parlamentaria.

Durante más de cuarenta años, la libertad de expresión nos ha permitido manifestar libremente nuestras opiniones a través de los medios de comunicación, en foros políticos, culturales o sociales, en tertulias o incluso en simples reuniones de ocio entre conocidos y amigos.

La libertad religiosa también ha permitido que cada ciudadano practique su religión privada o públicamente con total respeto por parte de las instituciones del Estado y asímismo que los padres puedan elegir para sus hijos la educación que entienden que más les puede convenir mientras permanezcan bajo su tutela o protección.

Lo cierto es que estas y otras libertades de las que hemos disfrutado durante esto años de democracia están siendo amenazadas por un gobierno que por su composición y primeros pasos ha decidido ir en dirección contraria al sacrificio y esfuerzo que ha hecho el pueblo español para estructurar un Estado moderno y homologable al conjunto de las democracias europeas y occidentales de nuestro entorno.

Resulta paradójico y sorprendente la capacidad que han demostrado tener Sánchez e Iglesias para apoderarse sin pudor alguno de sus respectivos partidos políticos, mentir descaradamente a sus militantes y simpatizantes y repartirse el gobierno, troceándolo para premiar y contentar a sus ávidos socios, colaboradores y familiares: ministerios, vicepresidencias, secretarias de Estado y direcciones generales innecesarias y sin contenido, que contradicen aquel espíritu  de austeridad y contra la casta  del que alardeaban los hoy compañeros comunistas de Sánchez.

Pero siendo esto preocupante por el cuantioso gasto público que supone y el incremento de impuestos para afrontarlo -muy acorde por otra parte con la nueva deriva comunista -, lo que verdaderamente alarma es el desprecio manifiesto que sienten hacia los españoles que no participamos de su nostálgico republicanismo guerracivilista, de su ideología igualitaria y sexista y de su ateísmo dogmático y doctrinario.

Primero es la eutanasia, luego el franquismo; la transversalidad del género; coartar el derecho de los padres a educar a sus hijos libremente; acallar la voz de los medios de comunicación molestos y discrepantes y por supuesto impedir con cuantos medios sean necesarios la educación religiosa de los menores y jóvenes, en especial la católica. Estos son los principios programáticos del gobierno, anunciados y ya en marcha algunos de ellos.

Si a esta larga noche de oscuridad hay que sumar la incertidumbre que despierta el diálogo envenenado e inútil que Sánchez mantiene con independentistas, nacionalistas y batasunos catalanes y vascos para apuntalar todo su entramado de poder  y el desconcierto que está provocando en el contexto internacional el giro de nuestra política exterior en relación con algunos países iberoamericanos como Venezuela, Cuba o Méjico, es evidente que esta enfermedad socialcomunista que padecemos tiene ya los  tics autoritarios y dictatoriales que caracterizan a los regímenes comunistas con los que simpatiza nuestro recién estrenado gobierno.

“Cuando llegamos al final de la noche nos encontramos con un nuevo amanecer”. Esta clarividente frase de George Bernanos es un canto a la esperanza para quienes se nos está haciendo excesivamente larga la espesa noche en la que España está sumida en estos últimos  tiempos y que es de absoluta oscuridad desde que ha iniciado su andadura el gobierno de Sánchez. Esperemos que no se retrase demasiado ese nuevo amanecer…