Es la hora de un Pacto Nacional

Las encuestas publicadas últimamente por dos importantes diarios nacionales como El Mundo o la Razón certifican que la sociedad española no se encuentra a gusto con el actual clima político del país.
Las causas son evidentes: Desde el 14M el Gobierno ha optado por romper el tradicional consenso que desde la Constitución de 1978 se habían impuesto las fuerzas políticas más relevantes para los asuntos que tradicionalmente se venían conociendo en la jerga política como “cuestiones de Estado” : la política exterior de España, la organización territorial del Estado, la lucha contra la criminalidad y el terrorismo o incluso el actual modelo de cobertura social que va desde la protección de la salud hasta la garantía del sistema de pensiones.
Hay como una especie de vértigo por no saber qué rumbo es el que se le quiere dar a España desde hace ya casi dos años. Si bien la actual situación de Irak pone al descubierto toda una serie de interrogantes sobre las decisiones que en su día se tomaron en Azores no es menos cierto que la actual posición antiamericana de nuestro Gobierno ( al menos para la galería) o la alineación entusiasta con gobiernos bananeros como los de Castro, Chávez o el recién estrenado Evo Morales, el insoportable servilismo con Mohamed VI manifestado por el Ministro Moratinos o las muy sorprendentes críticas a la organización de la OTAN por parte del Ministro Bono, nos colocan en una posición verdaderamente “espectacular” en el ámbito de nuestra política exterior.
Si a ello le añadimos nuestro inexistente alineamiento con los Estados europeos más relevantes como Alemania, Francia, Gran Bretaña o Italia quienes en estos momentos no nos consideran como socios preferentes, (fácilmente comprobable en las recientes negociaciones sobre las perspectivas financieras), nos encontramos en una franca regresión del papel que España ha jugado en estos últimos años de los Gobiernos de Felipe González y José María Aznar en el concierto internacional.
Por otra parte los ciudadanos españoles se sienten muy inquietos y sorprendidos ante el renacer de actitudes, expresiones y discursos que creíamos ya superados por la Transición democrática. Nuestras jóvenes generaciones que hoy “ chatean” en Internet con cualquier parte del mundo, que hacen “Erasmus” en Holanda, Italia, Escocia y ahora ya en Estonia, Hungría o Eslovaquia y que solo las referencias históricas o literarias les transportan a viejos enfrentamientos entre quienes se empeñaron en levantar fronteras y barreras para luego derribarlas en la crueldad de una guerra civil, no pueden entender que se reivindique el uso de lenguas donde hoy se tiende a simplificarlas para precisamente poder convivir con cerca de quinientos millones de europeos, no pueden entender tampoco que se quiera hacer resquebrajar la soberanía estatal en detrimento del espacio soberanista supranacional que es la Unión Europea o no pueden entender que los españoles regresemos a los denostados agravios nacionalistas que una clase política muy “profesionalizada” desea avivar para seguir emborrachándose de poder y riqueza desde unos presupuestos que ellos mismos se confeccionan y aprueban todos los años.
Si a todo esto le añadimos el incomprensible retroceso en materia de lucha antiterrorista, donde el buen entendimiento y la cooperación entre los dos grandes Partidos, PSOE y PP, lograron poner entre las cuerdas a los asesinos ETA y a sus corifeos de HB después de una larga lucha en todos los frentes, nada es de extrañar que hoy populares y socialistas no convencidos de su nueva dirección, reclamemos el regreso a un consenso institucional que nos permita llevar el sosiego y la tranquilidad a millones de españoles que necesitan urgentemente confiar en el buen sentido y en la generosidad de sus gobernantes.
Es la hora de un gran pacto nacional a la alemana para que el PSOE se quite la soga de quienes aprisionan su cuello para alcanzar el objetivo al que no renuncian: una España republicana, laica y federal incompatible a todas luces con una España monárquica, aconfesional y autonómica que nuestra Constitución garantiza y proclama. Pongamos todos las cartas encima de la mesa y así podremos recuperar el espíritu del 78 que tanto bien nos ha hecho a todos los españoles.

Jorge Hernandez Mollar
Ex Diputado Parlamento Europeo PP