“Pero no os preocupéis, mis queridos lectores, que no es una despedida, ni siquiera un hasta luego. Solo pido de vuestra comprensión para que entendáis que ahora además de mi trabajo  ordinario y en ocasiones extraordinario, utilice todos los medios necesarios, incluido mi blog, artículos y las redes sociales para propagar e informar a la sociedad de mi actividad principal, siempre desde mis irrenunciables convicciones personales y con el acento puesto en una sociedad que como la nuestra exige que se le gobierne en estos momentos con austeridad, eficacia y determinación…”
Estas frases forman parte de uno de mis últimos artículos con los que quería  expresar  las dificultades con las que me iba a encontrar para seguir alimentando mi blog al reiniciar mi actividad política como representante del Gobierno en la provincia  de Málaga, como  así ha sido.

 

El tiempo de esa nueva etapa estaba marcado por la inexorable despedida de la función pública exigida por el legislador a una edad determinada. Y ese tiempo ha llegado. Es el momento, pues, de cerrar un libro y abrir uno nuevo. De rebuscar en la frondosidad del  pasado las experiencias, los errores y  aciertos, los éxitos y  fracasos de una vida intensa dedicada durante más de cuarenta años al servicio de la sociedad.
Y es aquí, en la apasionante aventura de las letras donde deseo buscar mi refugio, donde deseo también volcar parte de mi nueva edad, muy lejos ya  de las llamadas telefónicas, de las obligaciones laborales, políticas o sociales, de la presión mediática o de un chirriante despertador que castigando sin piedad mis tímpanos, me recordaba el amanecer de un nuevo día que nacía y moría entre papeles, viajes, visitas, encuentros y desencuentros…
Desde mis múltiples vivencias, tratare de analizar y reflexionar lo que es ya la nueva realidad del mundo que nos rodea, el próximo y el lejano. La política, la economía, la familia, la empresa, la religión, la cultura, el arte, los avances tecnológicos, toda la humanidad está inmersa en una sociedad vertiginosa, tecnificada y para bien o para mal en ocasiones, altamente intercomunicada. Hay patrones universales que están despersonalizando a pueblos y naciones.
Y este es mi propósito. Regreso para transmitiros mis pensamientos, ideas y opiniones sobre acontecimientos, personas o hechos que ejercen una indudable influencia, conocida o desconocida a veces, en nuestros aconteceres diarios. Sostengo que aun vale la pena leer, estudiar, documentarse para no dejarnos llevar por las “dinámicas del mundo digital” como bien ha denunciado el Papa Francisco en su última encíclica: “ La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental”.