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 La nueva legislatura se ha iniciado de la forma más pintoresca: sindicalistas, como Cayo Lara, que van al Congreso a celebrar el día de la Constitución para anunciar que no asistirán, diputados que van a la Zarzuela en bicicleta, otros que, como Bosch i Pascual, representante de ERC, le dicen al Rey que  “quieren salir del reino” y los pro etarras de Amaiur, independentistas y algo más, que “exigen” grupo parlamentario en la sede de la soberanía nacional para disfrutar del sueldo y de los privilegios de los diputados “españoles”. Curiosamente ahora, reclaman “democráticamente” la salida del reino, olvidándose que hasta ayer sus compañeros de viaje, nos dejaron el escalofriante legado de ochocientos españoles asesinados y miles de  mutilados física y mentalmente que, según ellos,  son parte obligada de su “proceso de paz…” 
A este esperpéntico panorama se une la imparable escalada de asuntos judiciales en los que se ven envueltos políticos, jueces, banqueros, ministros, tonadilleras, empresarios y hasta duques y otras especies de la fauna llamada “clase pudiente”. Todos ellos envueltos en bufandas de millones de euros y dispuestos siempre a ir a los juzgados para negarlo todo, culpar de sus tropelías al vecino y sobretodo no devolver un solo euro de lo robado a los bolsillos de los españoles.
Personajes como Chaves, Pepiño, “el Bigotes”, Correa, Urdangarín, Garzón, Camps, la Pantoja etcétera, inundan páginas de periódicos, redes sociales, tertulias y televisiones, mostrando, no precisamente, lo más brillante y ejemplar de la sociedad española. Si a esto le añadimos la ola de secuestros de niños y jóvenes, los hachazos y apuñalamientos a mujeres por parte de sus maridos o compañeros, los millones de parados, los becarios explotados, los pensionistas angustiados y los funcionarios zarandeados, podemos llegar  a la conclusión de que una grave enfermedad psiquiátrica está minando la salud de España a pasos agigantados.
España necesita someterse a una terapia de grupo. Primero tenemos que convencernos de que una buena parte de nuestra sociedad es absolutamente normal. Millones de españoles desean y les asiste el derecho de acudir a su trabajo diariamente para ganarse con honradez su sustento, contribuir a la riqueza nacional y percibir un salario digno. Millones de matrimonios, formalizados por la ley civil o religiosa entre hombres y mujeres y que conforman familias normales, desean educar a sus hijos escogiendo  el modelo educación sin discriminación y con libertad. Millones de contribuyentes desean asimismo, que los servicios públicos funcionen con eficacia y que sus dineros se gestionen con transparencia y honestidad.
Millones de españoles exigen que nuestra justicia sea independiente, profesional y solucione los conflictos con rapidez y ecuanimidad y millones de españoles desean, también, no sentirse discriminados en su educación, salud, calidad de vida u oportunidades de trabajo por vivir en distintas ciudades, provincias o autonomías de España.
En segundo lugar y como parte de esa terapia, tenemos que conseguir que nuestros medios de comunicación y redes sociales nos ayuden a “normalizar” la vida española, transmitiendo los valores y virtudes del pueblo español. Nos corresponde a todos generar noticias positivas que a su vez sean “noticia”. Gobernar con altura de miras, sentido común y moderación es un primer paso para serenar la vida de los españoles y hacerla noticiable.
Cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas, ser justos en la distribución de la riqueza, utilizar los fondos públicos para contribuir al bien común de la sociedad y ayudar a fortalecer el mundo financiero y empresarial para que renazcan millones de puestos de trabajo de calidad y bien retribuidos, es clave para que nuestra nación se encarrile sin sobresaltos por la ruta de la normalidad y prosperidad a la que tenemos derecho.
Perseguir al delincuente, aplicar justicia de forma rápida y eficaz y legislar con orden, racionalidad y respeto a los valores éticos o morales de la sociedad ayudaría a restablecer la confianza en el sistema y en las instituciones, hoy bastante deteriorada. En definitiva como dijo nuestro querido y casi olvidado ya Presidente Adolfo Suárez en aquella su famosa e histórica frase: “elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal”.