El cambio vertiginoso que las nuevas tecnologías han provocado en el desarrollo de nuestra sociedad es de tal magnitud, que los sentimientos, las emotividades e incluso las consecuencias de cualquier suceso se ven supeditados en mayor o menor grado al tratamiento o conocimiento   que se le presta en determinados  medios de comunicación como la televisión, la radio o en  las propias redes sociales.

El fenómeno de contagio sentimental que a través de estos medios  ha provocado a nivel nacional el crimen perpetrado contra el niño Gabriel en Las Hortichuelas (Almería),  solo es comparable con el que se produjo como consecuencia del asesinato de Miguel Angel Blanco y del que surgió el “espíritu de Ermua”.

Aquellos días de angustia hasta que se perpetró la vil ejecución de Miguel Angel, provocó una reacción colectiva  de todo el país que horrorizado ante la crueldad y maldad de los asesinos de ETA, terminó arrastrando a los partidos políticos a un gran pacto nacional para combatir el terrorismo con un resultado altamente positivo.

La explosión de rechazo popular que ha producido la trágica muerte de Gabriel y los sentimientos de solidaridad que ha despertado en todos los rincones de España debería originar una reacción similar para que el “espíritu de Gabriel” se convierta  en una serena y profunda reflexión social sobre las raíces de la alarmante ola de violencia y el desprecio de la vida humana que, desde su origen, se detecta hoy en determinados sectores de la sociedad.