Hacía tiempo que no me emocionaba ante una pantalla de cine o televisión, como lo he hecho después de “revivir” con toda intensidad y emoción la trágica y larga historia de los casi 50 años del terrorismo etarra  relatada con un rigor y profesionalidad encomiable en la serie “El Desafío: ETA”.

Hace unos días en una entrevista de las que suelen hacerse por las cadenas de televisión a pie de calle, me sorprendió, casi con espanto, que una joven al mostrarle el reportero una foto de Ortega Lara y preguntarle si lo reconocía, su repuesta fue: “creo que es un terrorista…”, no pude contener un gesto de indignación y me hice una pregunta ¿cómo hemos podido permitir que  nuestra historia más reciente no forme parte del saber y del conocimiento de nuestras jóvenes generaciones?

EL testimonio documentado de los expresidentes de gobierno, generales, oficiales, suboficiales, cabos y guardias de la muy sufrida y castigada Guardia Civil; el emotivo y dramático testimonio  de las víctimas de los asesinados por ETA; las declaraciones de los propios etarras, hombres y mujeres, arrepentidos algunos pero otros que aun siguen justificando todavía sus criminales acciones en defensa de su ilusorio y falso “conflicto político” y el sufrimiento de políticos, empresarios, funcionarios civiles y militares asesinados o secuestrados, reproducen un sentimiento encontrado de profunda pena – es inevitable contener las lágrimas ante tanto dolor- y de rabia contenida ante la frialdad que todavía demuestran quienes han despreciado la vida de tantos niños, mujeres y hombres masacrados sin la piedad y misericordia que ahora piden para sus propias víctimas, presos y familiares.

Todo este sufrimiento lo soportó España en la más absoluta soledad, no teníamos ni la comprensión ni la colaboración del resto de naciones europeas o de otros continentes, al contrario un país vecino como Francia, se convirtió en refugio de los asesinos y otros de Hispanoamérica como Venezuela, Cuba o Nicaragua también los acogieron. Solo el atentado terrorista del 11S en EEUU despertó la conciencia mundial de que estábamos ante un nuevo enemigo de la humanidad que utilizaba el terror como el arma más cobarde y repugnante contra el hombre.

España ya lo padecía desde hacía 40 años y  tuvo que ser esa cadena de atentados  en distintas partes del mundo la que nos ayudara a conseguir la cooperación internacional para poner fin al periodo más cruento de nuestra democracia. Irene Villa, víctima emblemática del terrorismo de ETA y a quien tuve el privilegio de conocer junto a su madre en un homenaje que le tributó el Ayuntamiento de Melilla decía en un reciente twitter: “Siempre se nos exigió generosidad, ser capaces de pasar página…creo que cumplimos nuestra parte con creces, lo que no se podrá hacer jamás es enterrar la memoria de tantos inocentes acribillados a tiros. Por eso, esas series son necesarias…”

El Papa Francisco en una visita a Paraguay pronunció estas palabras tan ilustrativas sobre el pasado y la historia de los pueblos: “Un Pueblo que olvida su pasado, sus raíces, no tiene futuro. Es un pueblo seco” y añadía “¡nunca más la guerra entre hermanos!; construyamos la paz del día a día, en el que todos participemos evitando palabras hirientes, actitudes prepotentes y fomentando el diálogo y la colaboración”.

Series como esta junto a la educación familiar y escolar ayudarán a que no se seque el alma y la mente de nuestras futuras generaciones de españoles.