El 22 de Mayo
El 22 de mayo todos los electores españoles tenemos la gran oportunidad de pronunciarnos sobre el modelo de gestión municipal y autonómica que deseamos para los próximos cuatro años. No vale la pena analizar una campaña que, como se está viendo, no despierta ni el interés ni la pasión del ciudadano de a pie. Pero tal y como se está desarrollando la confrontación, la cuestión es si estamos ante unas elecciones locales y autonómicas o ante la antesala de unas de carácter mucho más general. Por mucho que se desgañiten los dirigentes socialistas en querer ocultar la realidad, lo cierto y verdad es que la población española está viviendo la etapa más dura y complicada desde la instauración de la democracia.
Los jóvenes se sienten frustrados y sin esperanza de cubrir sus lógicas expectativas de trabajo, de vivienda, de creación de una familia, de desarrollo vital en una palabra. La sombra y la duda permanente se cierne sobre el futuro de nuestras pensiones; los pensionistas junto con los asalariados sienten cada vez más la minoración del valor de sus rentas; las pequeñas y grandes empresas sufren una alarmante sequía de financiación, con el consiguiente cierre de muchas de ellas y nuestro sistema financiero navega por el mar receloso de la crisis económica sin capitán que lo gobierne y sin rumbo.
Pero siendo esto grave, lo más frustrante es la pérdida de confianza, de valores, de estabilidad de una sociedad a la que se ha desarmado en estos años de gobierno socialista, de principios éticos y morales. Se han “institucionalizado” modelos artificiales de familia; han invadido, sin decoro alguno, el ámbito familiar en el terreno educativo; han intentado remover permanentemente los sentimientos religiosos de la ciudadanía de mayoría católica; ha aumentado la desconfianza social hacia las más relevantes instituciones del Estado y se ha permitido la exaltación de los reclamos nacionalistas por intereses partidistas, en detrimento de la fortaleza y unidad de los intereses nacionales. En definitiva han debilitado la marca España en clave interna, y lo que es peor aún, en el escenario internacional. Los Pirineos vuelven a separarnos de nuestro entorno geopolítico, somos cada vez más pobres y menos influyentes.

Si en algo se diferencian estas elecciones de anteriores confrontaciones electorales es en la intención y el mensaje que los ciudadanos vamos a dejar caer en las urnas el día 22 de mayo. Necesitamos volver a recuperar la estima y el orgullo que como españoles hemos tenido como pueblo, como colectividad, como nación próspera, responsable y partícipe de un proyecto común en lo económico, lo cultural y lo social. Necesitamos que nuestras familias se sientan centro y motor de una sociedad donde se inicie y desarrolle, sin injerencias del poder público, el aprendizaje del respeto a las personas, el sentido de la libertad y valores como el esfuerzo, la solidaridad y la laboriosidad.
Necesitamos también que nuestras instituciones se revitalicen y recuperen su prestigio desde la honestidad e independencia de quienes las dirigen y desde el respeto a las reglas de juego de la democracia que en nuestra Constitución están definidas, aunque por el transcurso del tiempo y la experiencia de su aplicación a lo largo de sus más de seis lustros de vida haya que plantear una reforma en alguno de sus contenidos. Es un clamor general que el gasto público desorbitado de tantas administraciones, con la superposición de poderes y competencias, es claramente insostenible.
España necesita abandonar el espíritu de debilidad que rodea a sus pueblos y sus gentes. Un partido político asentado en la complacencia de sus propios errores, marcado por su incapacidad manifiesta para dirigir los asuntos públicos y por su ineficacia para afrontar los graves problemas que una crisis pésimamente gestionada ha originado a los españoles, debe asumir su responsabilidad, leer con atención los mensajes que los ciudadanos proclaman de forma individual o colectiva, cada vez con más insistencia y energía, y dejar vía libre a que las urnas se pronuncien sobre la gobernanza del país.
Es cierto que las encuestas anticipan una opinión sobre la intención del votante y que la encuesta real es el recuento y resultado de los votos, aunque la cruda realidad hace que sea muy difícil que las desmientan. Lo verdaderamente relevante es que no estamos solo ante una confrontación de partidos para que sus alcaldes y regidores autonómicos alcancen el poder, estamos ante una situación de emergencia nacional como consecuencia de la angustia y desesperación de millones de españoles sin trabajo y de una galopante deuda que se fagocita toda nuestra riqueza y nuestra cada vez más escasa productividad.
El 22 de mayo es el verdadero día de reflexión para un gobierno nacional agonizante que si tuviera un mínimo de patriotismo, debería con carácter inmediato, convocar elecciones generales, abandonar la nave y que la nueva tripulación que decidan los españoles, coja el timón con firmeza para llevarnos a buen puerto, España se lo merece.

Jorge Hernández Mollar
Ex parlamentario nacional y europeo PP