Me he resistido a escribir sobre este extraño fenómeno de protesta surgido a raíz de las últimas elecciones municipales y autonómicas, pero su pertinaz insistencia mediática creo que invita ya a una  reflexión. Nada en el mundo se mueve sin una causa, una razón y alguien, al mismo tiempo que  motive o conduzca la queja, protesta o la misma renovación, reforma o revolución.
Precisamente este grupo innominado del 15M,- la indignación es un estado de ánimo que puede afectar a millones de personas, pero nunca es determinante de un movimiento social organizado-, carece de líderes, de filosofía propia, de propuestas realistas, de ofertas de cambios, de cultura renovada o renovable…
En nada se parece al famoso Mayo francés del 68, liderado por un antiguo colega y compañero del Parlamento europeo, Daniel Cohn-Bendit, que se alzó contra la sociedad de consumo y se articuló desde la Universidad de La Sorbona y con la complicidad de obreros y sindicatos, fue una revolución cultural claramente abanderada por la izquierda comunista francesa.
Otra revolución, la de los claveles en Portugal de junio de 1974, fue protagonizada por un grupo de militares abanderados por el capitán Otelo Saraiva de Carvalho, para derrocar al régimen dictatorial de Marcelo Caetano, dos dictaduras, la española y la portuguesa que terminaron casi a la par pero con un derrotero final muy diferentes.
Y así podríamos ir relatando movimientos o revoluciones que con unos objetivos muy concretos y desde un liderazgo personal y colectivo muy definido han marcado épocas en la historia de los pueblos y de la humanidad.
Me temo, por otra parte, que este grupo de “indignados” que van de plaza en plaza,  asentándose en tiendas de campaña en calles y ciudades, sin orden ni concierto y cabreando a comerciantes y viandantes, han visto una ocasión de oro para lanzar sus proclamas anti sistema y ácratas, aprovechándose del profundo malestar que hoy existe en la sociedad española. La izquierda española coquetea con ellos por si pueden atraerlos a su redil y como ha sido habitual, en estos últimos tiempos, manipularlos para encrespar al electorado contra la derecha que pretende usurparles lo que creen que es suyo: España.
¿Existen razones para estar indignados…? muchas y muy variadas. Lo patético es que nuestras universidades, es decir nuestros jóvenes estudiantes y los sindicatos, es decir nuestros trabajadores, no hayan reaccionado frente a las injusticias y el dramático panorama que se cierne sobre ellos. La Universidad, carece de líderes carismáticos entre los profesores y estudiantes y los sindicatos  han preferido ser corresponsables con el gobierno socialista de la profunda crisis laboral y económica a cambio de su supervivencia.

Ese silencio ante el abuso de los contratos basuras y de becarios ofrecidos a nuestros jóvenes profesionales y cualificados que les obligan a vivir del amparo familiar o a emigrar y los  despidos masivos de trabajadores con fórmulas ficticias y cuasi-fraudulentas de empresas que aun presumen de beneficios, además de la agonía en la que se desenvuelven cientos de miles de pequeños empresarios y negocios familiares que carecen de créditos y les sobran impuestos, es lo que ha motivado principalmente que los mal llamados indignados hayan encontrado una repercusión informativa.

Estamos en democracia y eso es la gran ventaja. En estos próximos comicios, las demagogias y las falsas promesas además de sobrar, son sumamente peligrosas por el profundo rechazo que pueden   originar entre los ciudadanos que exigen de inmediato, un cambio en el fondo y en la forma de gobernar sus intereses.
Las propuestas para revitalizar nuestra economía, además de los expertos y buenos profesionales del ramo, deben de obtenerse de nuestra juventud seria, estudiosa, profesional y trabajadora, con sus ambiciones y  su fortaleza y de nuestro mundo del trabajo, de los empresarios rigurosos y emprendedores, que fortalecen el patrimonio y capital de sus empresas con racionalidad e inteligencia y que crean riqueza para distribuirla y no despilfarrarla.
Los sindicatos, deberán volver a sus orígenes y recuperar el crédito y la representatividad de los trabajadores hoy desgraciadamente perdida. Los trabajadores necesitan recuperar la fuerza y la presencia de la que hoy carecen en el ámbito socio-laboral. Todo un programa para recuperar a España en la senda de la normalidad y crecimiento, hoy desgraciadamente perdida.