• Categoría de la entrada:Sociedad
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura
Se termina la canícula.  De nuevo el regreso a la actividad laboral, escolar, profesional, o en circunstancias normales la política. Dentro de unos días se vislumbrará ya la llegada del otoño con su lento amanecer y aún más rápido atardecer. Se acerca ya el punto equinoccial en el que el día y la noche  valen lo mismo.
 
Pero al fin y al cabo las estaciones del año solo acompasan nuestro ritmo vital. El ser humano, las personas transcendemos a estos marcapasos. Siguen fluyendo nuestras preocupaciones, nuestros problemas o nuestras inquietudes ante la realidad que nos acecha más allá de los límites de nuestro tiempo existencial.
 
Ayer y hoy son vivencias diferentes. Solo un día marca lo viejo de lo nuevo que se repite con insistencia transcurridas las veinticuatro horas que enmarcan nuestro acontecer entre el día y la noche. Por eso necesitamos perspectiva para afrontar los retos de un nuevo curso desde la óptica más vital y optimista posible.
 
Así iniciamos la normalidad llevando a nuestros hijos o nietos a los colegios con la incertidumbre que origina la rebeldía de algunas autoridades autonómicas para aplicar una ley estatal (la Lomce), que ha nacido desde el disenso técnico y la oposición encendida de quienes prefieren, esencialmente, un mayor intervencionismo y adoctrinamiento del Estado. Su consecuencia es el clima de una confusión obligada entre padres, profesores y alumnos sobre la calidad y sostenibilidad de nuestro sistema educativo.
 
Sigue creciendo nuestra preocupación por la violencia sobre la mujer y la violencia doméstica que según el informe de la Fiscalía General del Estado, se ha incrementado con respecto al año anterior y tal como resalta la Fiscalía no es un asunto que se pueda resolver exclusivamente con el derecho penal: “Es necesario reforzar los factores educativos y sociales que pongan el acento en el respeto de la dignidad de la mujer.”
 
No es menor la preocupación que aún dominan muchos hogares españoles, como consecuencia del paro y la angustia de trabajos precarios e inestables,  desgraciadamente con una escasa e injusta retribución que en muchos casos originan un detrimento y  perjuicio del sostén personal y familiar del propio trabajador.
 
Si a  esto se suma también, las dificultades que está padeciendo la financiación de nuestro sistema de pensiones como consecuencia del debilitamiento de nuestra economía, del desequilibrio de la ecuación población activa/pasiva o  de la acusada distancia entre natalidad y envejecimiento, el resultado es que se va alimentando progresivamente una mayor inquietud social.
 
Frente a estos y otros problemas de gran alcance, como la corrupción, el terrorismo islamista o la borrachera secesionista, la nueva clase política lleva ya casi un año pensando cómo conformar un gobierno que satisfaga sus pueriles e irresponsables vanidades. Tostados al sol y sonrientes en sus escaños escasamente arrugados, desafían peligrosamente la voluntad de la ciudadanía, arriesgándose, una vez más, a agotar su paciencia democrática después de haberles hecho regresar a las urnas en una segunda oportunidad ya casi inútilmente desaprovechada.
 
Estamos pues ante un nuevo curso. Don Miguel de Cervantes y Saavedra,  nuestro ingenioso manchego y al que nadie ha superado en conocimiento del alma y sueño de los españoles, nos dejó esta gran lección de rabiosa actualidad en boca de su criatura más universal: “ Don Quijote soy y mi profesión la de andante de caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y de la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil .¿Es eso de tonto y mentecato?”
 
Si todos y cada uno de nosotros y muy especialmente  quienes dicen representarnos, nos aplicáramos estas sabias palabras y propósitos, afrontaríamos este nuevo período con el ánimo positivo y optimista de aprender de nuestros errores, rectificar nuestras conductas y avanzar con esfuerzo, ambición y generosidad en la consecución del bien común de los españoles. Lo contrario es de tontos y mentecatos.

 

Jorge Hernández Mollar

Nací en Melilla. casado y tres hijos, católico. vitalista y optimista. Respetuoso con las personas sin distinción y los derechos humanos Estudié Bachiller en el Colegio La Salle y me licencié en Derecho por la Universidad Complutense Madrid. He sido funcionario del Cuerpo Superior de la Administración de la Seguridad Social y en mi actividad política he desempeñado cargos orgánicos en el Partido Popular y he sido Senador, Diputado a Cortes y Diputado al Parlamento Europeo.En el Senado pertenecía a la Asamblea de la OTAN y en el Congreso desempeñé la portavocía de Sanidad de mi grupo parlamentario, presidiendo la Comisión de Libertades Públicas, Justicia e Interior en el Parlamento Europeo. MI etapa de vida pública, tuve el privilegio de culminarla como Subdelegado del Gobierno en Málaga. Jubilado de la vida administrativa pero continuo muy activo para seguir en la aventura de ser útil y servir a a la sociedad y a España. Por esta razón, entre otras actividades, presido el Comité de Expertos del Partido Popular de Málaga. Soy Consejero además de Centros Familiares de Enseñanza (Grupo Attendis)

Deja una respuesta