¿De qué se ríen?
Me motiva este artículo una foto que aparece en un diario nacional escenificando, entre bromas y risas, el reparto de pepinos que hizo a los parlamentarios andaluces el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán,  en la propia sede del Parlamento.
Al Presidente José María Aznar se le achacaba su extrema seriedad y su gesto adusto y sobrio en sus primeros años de gobierno. Las circunstancias que rodeaban al país en el año 1996 no eran para menos. La tasa de paro estaba en el 20%, el terrorismo atormentaba y agitaba sin piedad la vida de los españoles y la corrupción lideraba una de las principales preocupaciones de nuestra sociedad.
Quince años después, la vida de los españoles vuelve a convulsionarse. El desempleo alcanza ya una cota desesperante para millones de españoles; la crisis económica y social hace tambalear gravemente los cimientos del estado  de bienestar;  el patente  desgobierno y crispación política  debilita peligrosamente las instituciones del Estado y nuestra credibilidad internacional está desgraciadamente bajo mínimos.
Son momentos, pues, de mucho rigor, responsabilidad y seriedad. Es por eso que no hay nada más incomprensible e insultante en estas circunstancias que contemplar cómo algunos políticos aparecen públicamente haciendo gracias y sonrientes, cuando como en el caso de la foto que comento, hay miles de familias de agricultores andaluces que dependen de la penosa gestión que del brote bacteriano e. Coli se está haciendo desde un país comunitario como Alemania y que está afectando muy seriamente a los intereses de otro como España.
Quizás, en esta crisis alimentaria, se ha echado de menos la fortaleza que nuestros gobiernos anteriores tuvieron en las instituciones de la UE: comisión, consejo y parlamento europeo. No es la primera vez que en materia agrícola hemos tenido enfrentamientos con países comunitarios. Recuérdese los salvajes atentados contra nuestros transportistas en la frontera francesa para impedir la circulación de nuestros productos agrícolas,  las  discusiones sin “pelos en la lengua” entre la entonces Ministra de Agricultura, mi amiga y llorada Loyola de Palacio, con el Comisario Fischler a raíz de las ayudas al olivar o la campaña que contra la producción hortofrutícola se desató en el año 2000 desde lobbies suizos a consecuencia de los sucesos de El Ejido.
Lo realmente preocupante es que estamos ya inmersos en un goteo constante de noticias desalentadoras para nuestra economía, en una parálisis de nuestro sistema financiero que ha quebrado el circuito tradicional de ahorro e inversión para impulsar y revitalizar nuestra productividad y que el Estado está sumido en una profunda depresión de su estructura organizativa, donde el desorden competencial y el gasto descontrolado lo hace cada vez más insoportable.
España necesita urgentemente un certero diagnóstico de la grave enfermedad que padece, un tratamiento médico-quirúrgico y la aplicación de cuidados intensivos. El cuadro crítico que presenta se traduce en una serie de decisiones que se han de adoptar con carácter inmediato con el consenso de los dos grandes partidos, PP y PSOE.
En primer lugar la disolución del Parlamento, la convocatoria de elecciones generales y la formación de un nuevo Gobierno que represente la voluntad mayoritaria de los españoles para afrontar una situación que ya se hace insostenible para el conjunto de la nación. En estos momentos la incertidumbre que genera una presidencia de gobierno en funciones junto a un candidato in pectore del partido socialista, afecta muy directamente a la gobernabilidad de los asuntos públicos y  de los intereses generales.
A continuación hecho el diagnóstico de la enfermedad   el nuevo gobierno deberá comunicar a todos los españoles la verdad y realidad de las finanzas públicas. De igual manera y sin solución de continuidad, el sistema financiero –bancos y cajas de ahorro-deberán informar al Parlamento de cuál es el estado de sus constantes vitales para conocer sus debilidades y fortalezas reales y el nivel de endeudamiento público y privado de las familias españolas, además de las razones de asfixia crediticias que sufren nuestros empresarios. No se debe excluir la asunción de responsabilidades de quienes han podido ser causantes principales de tan pésima   gestión de nuestras finanzas.
Nuestra Constitución ha cumplido exitosamente un importante ciclo de la historia de España desde nuestra transición. Ha llegado la hora de repensarla y someterla a una prudente pero necesaria revisión. La globalización de nuestros intereses políticos y económicos, nuestra pertenencia al club europeo, los permanentes movimientos migratorios de un país que como el nuestro hace frontera de la UE con África y América y sobretodo la proliferación de entes territoriales en los que se superponen a nivel de nuestro Estado, competencias, recursos o gastos hacen inviable su eficacia y constituyen una seria rémora para la estabilidad y funcionamiento de nuestras instituciones.
Dejemos, pues, las risas y bromas de nuestros representantes políticos para mejor ocasión. Es la hora de la seriedad, del rigor y de la responsabilidad para que entre todos los españoles de buena voluntad podamos superar las enormes dificultades que se avecinan. La pésima gestión del Gobierno socialista del presidente Zapatero ya ha  sido rechazada con el fuerte varapalo de las últimas elecciones. Ya no hay tiempo, es la hora del patriotismo y del cambio democrático que los socialistas sensatos y responsables deben asumir.
                                                                       Jorge Hernández Mollar
                                                        Ex Parlamentario nacional y europeo PP