El 2 de Diciembre los andaluces volveremos a pronunciarnos sobre la mejor opción de gobierno que deseamos para gestionar los asuntos de nuestra comunidad. Abierta ya la campaña electoral es perfectamente constatable que el interés despertado en el electorado difiere mucho de aquellas donde la megafonía, la cartelería, la quincallería, el puerta  puerta o los mítines interrumpían nuestra vida diaria para atender a  candidatos y acompañantes, que con sonrisa electoral ad hoc y disculpas constantes intentábamos convencerles de las bondades de nuestras programáticas promesas.

Toda esta parafernalia  ha dado paso a los escuetos mensajes y debates que mueven las poderosas redes sociales o los digitalizados encuentros sectoriales que suelen celebrarse en un ambiente de más proximidad entre los intervinientes y el reducido público asistente. Del ruido callejero o las paredes tapizadas con las caras de los candidatos ya solo quedan los reportajes gráficos o televisivos de las visitas programadas a una explotación agraria o industrial y algunas entrevistas más o menos artificiosas en los periódicos, radios o televisiones, habitualmente poco ingeniosas y repetitivas

Nada que objetar a que las nuevas tecnologías, las exigencias medioambientales y las herramientas que  han impuesto los nuevos canales de comunicación más sofisticados, más directos y más “limpios” para la convivencia ciudadana, pero es un hecho cierto que hoy el elector tiene un menor grado de interés y que ha disminuido notablemente la emotividad y la atención que rodeaban las anteriores campañas y los grandes mítines.

.A nadie se le oculta que la inmoral y despreciable conducta de quienes se han enriquecido injustamente en estos últimos años, manchando de esta manera la trayectoria honesta y desinteresada de miles de hombres y mujeres que se han entregado al servicio de España en el ejercicio de la política, ha contribuido al descrédito y la desconfianza en los partidos políticos. Todos, los de la vieja y nueva política, están estigmatizados por un alejamiento del ciudadano hacia las palabras o promesas de los políticos.

En la antigua Grecia, los asuntos del Estado concernían a todos los habitantes de la “polis”. Politikoi era todo lo que rodeaba al interés de los ciudadanos por los asuntos del Estado y a esto se contraponían los idiotikos o asuntos de interés privado o personal. En el panorama político actual, da la impresión que han ganado más peso los ”idiotikos o idiotes” que los “politikoi o políticos” porque la percepción del ciudadano es que los intereses privados o personales están muy por encima de los generales del Estado.

Lo cierto y verdad es que si el cambio no se produce después del 2 de Diciembre, los andaluces  seguiremos sufriendo a los “idiotikos” que se afanan más en defender sus intereses personales o de partido que los generales de la Comunidad, llegando al extremo de confundir Andalucía con el propio partido socialista. Una crítica al partido es una crítica a Andalucía, una critica a Susana Díaz es un “desprecio” a Andalucía cuando no una “canallada”. Frente a esto la “politikei” exige afrontar con realismo las carencias y deficiencias que hoy sufre Andalucía: las de nuestra sanidad pública después de más de treinta años años de gobierno socialista o los graves problemas de seguridad ocasionados por el alarmante aumento de la criminalidad organizada  por el narcotráfico o la trata de seres humanos.

La “politikei” exige también ocuparse de la llegada masiva a nuestras costas y playas, de pateras repletas de inmigrantes ilegales,  con  final trágico para muchos de ellos ya que dejan sus esperanzas en un mediterráneo ensangrentado por quienes trafican con sus vidas, o  de un sistema educativo que pretende hacer de la escuela un centro de adoctrinamiento estatalizado impidiendo a los padres y familias elegir libremente los centros de educación de sus hijos o poniendo trabas a la concertación de  aquellos que optan por la educación diferenciada, cuya oportunidad y legalidad ha sentenciado el TC en repetidas ocasiones.

No es de recibo que, Canal Sur, nuestra televisión pública, haya renunciado a promocionar la cultura que se merece el pueblo andaluz repleto de prestigiosos profesionales del mundo del arte, las ciencias o las letras. Ni nuestros mayores ni nuestros jóvenes se merecen el tratamiento que se le ofrecen en algunos de sus programas, sin mencionar la falta de objetividad y manipulación de sus informativos según le convenga a la actual  regidora socialista. La “politikei” debe asumir y tratar de solucionar también las graves deficiencias que presentan hoy algunos de nuestros juzgados o tribunales o la importante presión fiscal, impuesto de sucesiones incluido, que son un relevante obstáculo para las inversiones y desarrollo de nuestro sistema productivo.

Es cierto que la Andalucía de hoy no es ni la sombra de la de hace cuarenta años. Los ingentes y millonarios fondos estructurales de la Unión Europea y la gestión y cooperación entre  Administraciones públicas, unido al impulso empresarial y al esfuerzo de millones de trabajadores han contribuido al desarrollo de sus infraestructuras, de su potencial turístico, del sector servicios o del desarrollo urbanístico, agrícola y rural. Los andaluces nos sentimos orgullosos de nuestra tierra y de los logros conseguidos. Pero necesitamos hombres y mujeres que desde la “politikei” sirvan con generosidad y entrega a una Andalucía, un poco ya cansada, fatigada y desconfiada de los “idiotikos” que la han venido gobernando.

Ha llegado la oportunidad de iluminar una nueva Andalucía, para no caer en la desesperanza que denunciaba con su especial finura poética Federico García Lorca:Si la esperanza se apaga y la Babel se comienza, ¿qué antorcha iluminará los caminos en la Tierra?