Hace más de treinta años era fácil ver a Chiquito en cualquier bar o restaurante de Málaga, amenizando comidas y copas con sus chistes y canciones. En el afamado Chinitas, tuve la fortuna de conocerle hace ya más de treinta años y disfrutar de una larga sobremesa con su ocurrente y divertido lenguaje

Años después, cuando ya la fama del programa televisivo “Genio y Figura” lo catapultó a todos los rincones y hogares de España, coincidí con él en dos ocasiones y en asientos contiguos, en el vuelo de Iberia Málaga a Barcelona. Mi viaje continuaba a Bruselas y el suyo era a los platós de Antena 3. De fácil conversación no desaprovechaba cualquier ocasión para sonsacarte una risa o sonrisa y en una ocasión me habló con entusiasmo de su visita a Melilla, mi tierra natal.

Admirador de la Guardia Civil mi último recuerdo suyo ha sido con ocasión, hace escasamente unos meses, de haber compartido junto a él mesa y mantel, en una comida organizada por sus amigos de la “Menestérica”. No faltó como era de esperar su humor y sus chistes graciosamente enrevesados, aunque ya rodeados de un cierto agotamiento físico no exento de tristeza.

Chiquito de la Calzada, fistro y pecador de la pradera, era todo un corazón que desbordaba simpatía, gracia y bondad. A partir de ahora es además, el ángel malagueño que ha llamado Dios para disfrutar con él en la sobremesa celestial.