“Puigdemont y sus voceros, al igual que Hitler en París, ya ha dado la orden de incendiar Cataluña si el poder del Estado les impide consumar el referéndum el 1 de Octubre como paso previo a la desconexión de España. ¿Surgirá en el último instante un político sensato y razonable entre ellos, como el general Von Choltittz, que lo impida? De no ser así el Gobierno de la Nación y la sociedad española, tiene/tenemos la obligación grave de dar una respuesta firme y sin ambages al desafío secesionista”

De esta manera finalizaba un artículo que publiqué el 13 de Septiembre del 2017 y que titulaba “Arde Cataluña”, recordando los sucesos que se narraban en la famosa novela ¿Arde París? posteriormente  llevada al cine. Pasados dos años después de haberse celebrado el referéndum ilegal del 1 de Octubre,  los instigadores de la conspiración sediciosa independentista encabezados por el presidente de la Generalidad Quim Torra/Puigdemont han conseguido su propósito: crear el caos , enardecer las masas para rebelarse contra el Estado y dar cobertura a la violencia haciendo realidad su propósito firme y decidido de incendiar Cataluña.

Después de tres días incendiarios desde la publicación de la sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de 14 de octubre, el presidente del gobierno en funciones Pedro Sánchez se limitó en su declaración institucional a hacer un canto a la moderación y firmeza democrática de su gobierno en funciones     desmarcándose de cualquier medida prevista en la Constitución y  leyes de nuestro ordenamiento jurídico que pudieran suponer cualquier intervención política  para controlar los  desmanes del gobierno rebelde de Torra.

Unas horas después el presidente Torra transmitía en su indecente televisión TV3 , recogida por los medios nacionales, una declaración en la que se desmarcaba  de la brutal violencia callejera, achacándola a “grupos descontrolados e infiltrados”, haciendo al mismo tiempo una loa al pacifismo del movimiento independentista. Es decir dos mensajes perfectamente coordinados para evitar la aplicación del art 155 o cualquier otro procedimiento de intervención legal del Estado sobre la Generalidad.

.Es evidente que al pueblo español se le está sometiendo a un tercer grado  en un asunto de extrema gravedad como es el de la conspiración revolucionaria para desgajar una parte de nuestro territorio nacional con fórmulas que pueden ir desde el independentismo fascista de Puigdemont, Torra y Junqueras a un difuso  federalismo nacionalista de Sánchez; todos ellos naturalmente bajo el paraguas de un encendido republicanismo que conduciría en un futuro hacia el fin de la Monarquía constitucional.

La tan querida memoria histórica de la izquierda progresista  obliga a recordar el Pacto del Tinel  que hace ya casi dieciséis años firmaron el Partido de los Socialistas de Cataluña, Ezquerra  Republicana y Ezquerra Unida para acceder al Gobierno de Cataluña; el cordón sanitario al PP que Rodríguez Zapatero alentó o los apoyos del separatismo vasco y catalán para la investidura de Pedro Sánchez, sus socios prioritarios de gobierno desde la moción de censura a Rajoy. Todo ello demuestra la contumaz proximidad y noviazgo del partido socialista con los movimientos nacionalistas más radicales de Cataluña.

Con estos antecedentes es fácil llegar al convencimiento de que solo una mayoría suficiente del partido popular puede y debe desarbolar esta conspiración contra nuestra Constitución y la unidad de España que está siendo alimentada, justificada y consentida por la izquierda y por la derecha nacionalista vasca y catalana.

Aunar y sumar  los votos en el centro derecha es la única fórmula para hacer frente a este tsunami antidemocrático y antiespañol. Nos jugamos la libertad, la paz y la unidad de España. Existe una gran inquietud en el pueblo español no solo por la deriva de los dramáticos acontecimientos en Cataluña, como ayer fueron los trágicos del País Vasco, sino por las profundas desigualdades políticas, económicas o sociales que sufre la ciudadanía en función de la autonomía en que se resida.

Si el 10 de Noviembre el resultado de las urnas nos arrastra a otro delirio de frustradas negociaciones para conformar un gobierno estable, la posibilidad de afrontar los graves problemas que nos acechan se convertiría en una dramática pérdida de con fianza en el modelo de convivencia democrática que nos otorgamos en la Constitución de 1978.

Por otra parte si el centro derecha lograra formar gobierno, se debería incorporar a hombres y mujeres que desde los distintos sectores de nuestra sociedad aporten experiencia y sabiduría para plantear con crudeza, realismo y patriotismo las cuestiones que hoy nos preocupan seriamente como la crisis económica que de nuevo nos acecha ; el hacer una profunda reflexión sobre el Titulo VIII de la Constitución, sin excluir una recentralización y ordenación de algunas competencias que  han demostrado ser el núcleo de los conflictos que hoy ensombrecen la unidad e igualdad de los españoles o la sostenibilidad del actual sistema de pensiones que año tras año acumula un  déficit muy alarmante de la Seguridad Social.

Tristemente nada de esto está siendo objeto de reflexión y debate de cara al próximo 10 de Noviembre porque las llamaradas del incendio de Cataluña no dejan  ver  el bosque de inquietudes y problemas que hoy ensombrecen la vida española. Decía Napoleón Bonaparte que “en las revoluciones hay dos clases de personas: las que las hacen y las que se aprovechan de ellas”. ¿No es hora de que el pueblo catalán se pregunte quien va a aprovecharse de las nueces chamuscadas de tanto árbol quemado?

 

Publicado en Diario SigloXXI, Confidencial Digital y Melillahoy