Hace unos meses, todavía en la Subdelegación, me pasaron una llamada y recordarás que mantuvimos la siguiente conversación: “hola Jorge,te llamo para despedirme/ hola Baldomero/ pero ¿adonde vas?/ mira, me voy al cielo/ ¿qué…?/  me operan en Madrid en unos días y  ya me queda poco, un cáncer nada bueno…”
 
Efectivamente Baldomero, así ha sido, has emprendido el viaje anunciado. Lo has hecho con la elegancia, el señorío y la normalidad de la que te adornó, durante los tres años en los que he tenido el privilegio de disfrutar de tu amistad. Tu vida, ha sido fiel reflejo de tu entusiasta vitalidad, de tu capacidad intelectual y de tu espíritu emprendedor.
 
 Piloto del Ejército del Aire, empresario, político, cónsul de Panamá, decano del Cuerpo Consular. Te has ido ligero de equipaje, a tu manera y haciendo gala de una gran maestría para emprender el vuelo definitivo con destino celestial, que has venido preparando  y anunciándolo a tus amigos y familiares con una serenidad y paz interior envidiable
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Nada en tí era artificial. Tu saber estar, tu diplomacia, tu modestia personal y tu cuidada cultura te hacían acreedor de un atractivo especial por tu elegancia y “savoir faire” a la hora de  expresarte y relacionarte. He tenido la fortuna de compartir contigo y con tus invitados,  largas conversaciones  en alguna de esas especiales cenas que organizabas en tu incomparable hogar, del que tan legítimamente tan orgulloso te sentías.
 
Te hemos dicho adiós, Baldomero, con la pulcritud, la cortesía y la elegancia de la que siempre te has rodeado. “ Y ahora, el final está aquí/ y entonces enfrento el telón final/mi amigo, lo diré sin rodeos/hablaré de mi caso, del cual estoy seguro/he vivido una vida plena/viajé por todos y cada uno de los caminos/y más, mucho más que esto/lo hice a mi manera.”
 
No pude evitarlo Baldomero, esa maravillosa canción de Frank Sinatra con la que tus amigos te despedimos y te deseamos un feliz viaje a la gloria que te mereces, me hizo resbalar una lágrima.