“Probablemente Dios no existe. Así que deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Con este lema circularon los autobuses de la EMT por Madrid en el año 2009 bajo el mandato del entonces Alcalde del PP Alberto Ruiz Gallardón, al mismo tiempo que lo hacían por otras ciudades de España. Evidentemente no era plato de buen gusto para los millones de católicos españoles pero nadie dijo que aquello fomentara el odio contra los creyentes, ni nadie pidió la actuación de la Fiscalía.

Ocho años después y bajo el mandato de la Alcaldesa Manuela Carmena, apoyada por la amalgama de los partidos de la izquierda progresista y antisistema, censura e impide con la fuerza policial que un autobús fletado por una asociación civil, Hazte oír, circule por la Capital del Reino con los mensajes “Los niños tiene pene, las niñas tiene vulva. Y si “naces hombre eres hombre y si eres mujer, seguirás siéndolo”.

Las reacciones de los regidores políticos de entonces y las de ahora no han podido ser más contrapuestas. Las declaraciones casi histéricas  de la regidora madrileña y su equipo de gobierno de izquierdas acompañadas por el seguidismo “progresista” y pertinaz de la presidenta  de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, destacada militante del partido popular, han provocado que incluso la propia Delegación del Gobierno tomara cartas en el asunto para incitar la actuación de la Fiscalía con el objeto de investigar la comisión de un posible delito de odio.

En Navarra y País Vasco la campaña en marquesinas se hizo al contrario, es decir que “hay niñas con pene y niños con vulva”. Fue una Asociación de familias de menores transexuales quien la promovió y  posiblemente el autobús madrileño censurado e inmovilizado fuera una legítima respuesta a ese mensaje. Es fácil comprobar cómo la libertad de expresión se interpreta de muy distinta forma según el modo de pensar o el posicionamiento ideológico en que se sitúe cada uno.

El Sr. Rodríguez Zapatero que tiene el mérito de haber tsunamizado la sociedad española con su feminismo radical, tratando de remover sus cimientos desde el lenguaje cervantino hasta las raíces y fundamentos del iusnaturalismo clásico o moderno, ha conseguido impregnar  desde la ideología de género las estructuras más básicas de la sociedad como son la familia, el matrimonio, la educación o los propios medios de comunicación. Lo preocupante  es que en el espectro del centro derecha hay quienes se sienten cómodos con esa ideología y se alinean con quienes ven “odio y hostilidad” hacia los que libre y democráticamente piensan de distinta forma y así quieren expresarlo.

El Cardenal Ratzinger escribía: “Ahora con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo.”

Es por eso que en el caso que nos ocupa del autobús censurado, se ha utilizado una distinta vara de medir en la exigencia de responsabilidades penales contra el organizador de esa publicidad que solo recuerda un hecho biológico y sin embargo se ha producido por todas las autoridades públicas el silencio más vergonzante con quien organiza un festival de blasfemias y graves ofensas hacia los sentimientos de millones de creyentes en el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.

El historiador romano Suetonio decía que “En un Estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres.” Que publicitar  la negación de la existencia de Dios sea respetado por quienes afirmamos lo contrario y sin embargo no se respete a quienes publicitan que el hombre y la mujer son un hecho biológicamente diferenciado y no una construcción meramente cultural y convencional son claros signos de que estamos  dejando de ser verdadera y peligrosamente  libres e iguales ante la ley.

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